No seré yo quien afirme que del próximo
Congreso Cenetista saldrán estos o aquellos acuerdos de más o menos valor
constructivo. No me considero con tales
dotes y confío en la razón, en la inteligencia y en el deseo de servir
sinceramente a las ideas, porque considero que no es posible que pueda actuar
con éxito en su cometido la organización que se rige por medio de sus acuerdos,
tomados respectivamente en sus Comicios, si hay en su seno elementos contrarios
a los mismos que tratan de perturbar deliberadamente su obra, poniéndole todos
los obstáculos para no dejarle desarrollar sus actividades.
Las interpretaciones que se distancian
entre sí del fondo y de la forma, no dejan de tener su actualidad entre los interesados
que la propagan; pero cuando los hechos son lo suficientemente claros y
aleccionadores llegamos a la conclusión de que hay algo por medio que a toda
costa quiere acabar para siempre con todo lo que le impide poner en acción su
pensamiento.
Las contradicciones e inexactitudes
manifestadas públicamente por medio de la prensa y otros procedimientos,
desmerecedores en un todo del auténtico militante, son tan palmarias, que uno
ha de ser muy tonto para no darse cuenta, para no hacerse un juicio lo más
aproximado posible, deduciéndose del mismo que lo que “ellos” proclaman a
pulmón abierto carece por completo de anarco-sindicalismo, a pesar de que sus
autores sigan llamándose libertarios.
Confunden la forma con el fondo y viceversa, porque queriendo demostrar
como un hecho anárquico lo que realmente no es, mezclan lo negativo con lo
positivo, sin poder definir nada. Estas
situaciones son creadas por los que de forma cerrada niegan toda posibilidad a
lo que es esencia de la idea y, como consecuencia, se resiente por las
actividades que desplazan a los que ocultando sus propósitos procuran que la
intriga y la impostura tomen cuerpo y vayan minando los cimientos en que se
afirman las ideas de verdadera renovación social. La ejecución de los actos pone de manifiesto
cómo actúan los libertarios y cómo los que se llaman y no lo son. A este camino se llega cuando la razón y la
reflexión se deciden a formar un criterio de cuanto ven a su alrededor, y sin
olvidar nada resumen en consonancia lo que sí es y no es.
Hemos visto en el curso de nuestra
existencia en el exilio muchas cosas raras, provocadoras de la risa unas, y
otras de la tragedia, del dolor, porque todo lo que actualmente sucede es
producto de una época de egolatría y ambiciones personales nacidas al calor de
las ocasiones. Si tal es la situación en
que estamos colocados, diremos que a pesar de cuantos acuerdos se tomen en el
próximo Comicio, los oposicionistas a que la Organización continúe por la línea
recta, si las resoluciones no son otras, harán o intentarán nuevamente hacer
todo lo posible por no acatarlas, levantando otra vez falsos testimonios con
intención de desacreditar a no sé qué militante o compañero, llevados por el
afán del liderismo, del dirigismo, centralismo y su nuevo federalismo.
Con tales concepciones no sabemos hasta
dónde se puede considerar libertario quien en lugar de dignificar a las ideas
trata de desacreditarlas con sus actos, deformándolas intencionadamente.
Tomando como alegato la evolución del
progreso, la educación y la cultura de las nuevas generaciones, deliberadamente
se olvidan de decir que con todo y haber experimentado el mundo un gran avance
científico, nada nuevo señala el progreso que pueda hacer cambiar de rumbo a
quien desde su fundación sigue por la misma senda, trazada por la fuerza que da
la convicción.
Es altamente necesario, imprescindible
es, para todos los que no toleran que nadie les arrebate ni un palmo de terreno
en el aspecto sociológico y por ende también ideológico, poder averiguar quién
o quiénes son los promotores de tanta confusión, de tanto embrollo; seguramente
se clarificarían muchísimo más las ideas y el campo de acción aparecería limpio
de toda maleza.
No hay que olvidar el valor de las
circunstancias para el que las aprovecha en su beneficio particular, ya que así
podremos calcular la calidad de unos y la de otros en la obra que se realiza,
porque siempre ha de darse más valor a los hechos que a las palabras, [pues]
éstas ocultan frecuentemente las verdaderas intenciones de quien las emite, y
aquéllos son los auténticos reflejos del pensamiento. Este discurrir debe servirnos para afrontar
con mayor tenacidad y convencimiento los avatares de la vida y las vicisitudes
que el ideal reporta a quienes no se apartan de su lado con el fin de defenderlo
y ayudarle a progresar en todos los terrenos.
No nos debemos engañar compañeros. No debemos confundirnos en la elección, si es
que ciertamente deseamos una organización netamente sindicalista revolucionaria
o anarco-sindicalista, que a mi entender uno y otro calificativo se
complementan. Los límites están ya bien
trazados y definidos. Se llenarán, seguirán llenándose columnas y más columnas
periodísticas con opiniones o criterios diversos. Se hablará mucho de cómo se debería actuar
para salvar los escollos que actualmente existen. Se harán miles y miles de cálculos alrededor
de lo mismo; pero las FF.LL., por medio de sus Asambleas y el Congreso
dictaminador con arreglo a lo discutido, darán la tónica a las deliberaciones
que se tomen. Esta es la verdad, y allá
cada cuál con su responsabilidad. Pero
el militante no debe caer en la red que se le quiere tender…
Máximo Freixas
Extraído del Boletín de la Comisión
Intercontinental de Relaciones en el Exilio, del 19 de julio de 1965
DE "LA SAFOR LLIBERTÀRIA" Nº 4
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