lunes, 14 de abril de 2014

Sin olvidar nada… distintos tiempos, los mismos fantasmas al acecho

No seré yo quien afirme que del próximo Congreso Cenetista saldrán estos o aquellos acuerdos de más o menos valor constructivo.  No me considero con tales dotes y confío en la razón, en la inteligencia y en el deseo de servir sinceramente a las ideas, porque considero que no es posible que pueda actuar con éxito en su cometido la organización que se rige por medio de sus acuerdos, tomados respectivamente en sus Comicios, si hay en su seno elementos contrarios a los mismos que tratan de perturbar deliberadamente su obra, poniéndole todos los obstáculos para no dejarle desarrollar sus actividades.
Las interpretaciones que se distancian entre sí del fondo y de la forma, no dejan de tener su actualidad entre los interesados que la propagan; pero cuando los hechos son lo suficientemente claros y aleccionadores llegamos a la conclusión de que hay algo por medio que a toda costa quiere acabar para siempre con todo lo que le impide poner en acción su pensamiento.
Las contradicciones e inexactitudes manifestadas públicamente por medio de la prensa y otros procedimientos, desmerecedores en un todo del auténtico militante, son tan palmarias, que uno ha de ser muy tonto para no darse cuenta, para no hacerse un juicio lo más aproximado posible, deduciéndose del mismo que lo que “ellos” proclaman a pulmón abierto carece por completo de anarco-sindicalismo, a pesar de que sus autores sigan llamándose libertarios.  Confunden la forma con el fondo y viceversa, porque queriendo demostrar como un hecho anárquico lo que realmente no es, mezclan lo negativo con lo positivo, sin poder definir nada.  Estas situaciones son creadas por los que de forma cerrada niegan toda posibilidad a lo que es esencia de la idea y, como consecuencia, se resiente por las actividades que desplazan a los que ocultando sus propósitos procuran que la intriga y la impostura tomen cuerpo y vayan minando los cimientos en que se afirman las ideas de verdadera renovación social.  La ejecución de los actos pone de manifiesto cómo actúan los libertarios y cómo los que se llaman y no lo son.  A este camino se llega cuando la razón y la reflexión se deciden a formar un criterio de cuanto ven a su alrededor, y sin olvidar nada resumen en consonancia lo que sí es y no es.
Hemos visto en el curso de nuestra existencia en el exilio muchas cosas raras, provocadoras de la risa unas, y otras de la tragedia, del dolor, porque todo lo que actualmente sucede es producto de una época de egolatría y ambiciones personales nacidas al calor de las ocasiones.  Si tal es la situación en que estamos colocados, diremos que a pesar de cuantos acuerdos se tomen en el próximo Comicio, los oposicionistas a que la Organización continúe por la línea recta, si las resoluciones no son otras, harán o intentarán nuevamente hacer todo lo posible por no acatarlas, levantando otra vez falsos testimonios con intención de desacreditar a no sé qué militante o compañero, llevados por el afán del liderismo, del dirigismo, centralismo y su nuevo federalismo.
Con tales concepciones no sabemos hasta dónde se puede considerar libertario quien en lugar de dignificar a las ideas trata de desacreditarlas con sus actos, deformándolas intencionadamente.
Tomando como alegato la evolución del progreso, la educación y la cultura de las nuevas generaciones, deliberadamente se olvidan de decir que con todo y haber experimentado el mundo un gran avance científico, nada nuevo señala el progreso que pueda hacer cambiar de rumbo a quien desde su fundación sigue por la misma senda, trazada por la fuerza que da la convicción.
Es altamente necesario, imprescindible es, para todos los que no toleran que nadie les arrebate ni un palmo de terreno en el aspecto sociológico y por ende también ideológico, poder averiguar quién o quiénes son los promotores de tanta confusión, de tanto embrollo; seguramente se clarificarían muchísimo más las ideas y el campo de acción aparecería limpio de toda maleza.
No hay que olvidar el valor de las circunstancias para el que las aprovecha en su beneficio particular, ya que así podremos calcular la calidad de unos y la de otros en la obra que se realiza, porque siempre ha de darse más valor a los hechos que a las palabras, [pues] éstas ocultan frecuentemente las verdaderas intenciones de quien las emite, y aquéllos son los auténticos reflejos del pensamiento.  Este discurrir debe servirnos para afrontar con mayor tenacidad y convencimiento los avatares de la vida y las vicisitudes que el ideal reporta a quienes no se apartan de su lado con el fin de defenderlo y ayudarle a progresar en todos los terrenos.
No nos debemos engañar compañeros.  No debemos confundirnos en la elección, si es que ciertamente deseamos una organización netamente sindicalista revolucionaria o anarco-sindicalista, que a mi entender uno y otro calificativo se complementan.  Los límites están ya bien trazados y definidos. Se llenarán, seguirán llenándose columnas y más columnas periodísticas con opiniones o criterios diversos.  Se hablará mucho de cómo se debería actuar para salvar los escollos que actualmente existen.  Se harán miles y miles de cálculos alrededor de lo mismo; pero las FF.LL., por medio de sus Asambleas y el Congreso dictaminador con arreglo a lo discutido, darán la tónica a las deliberaciones que se tomen.  Esta es la verdad, y allá cada cuál con su responsabilidad.  Pero el militante no debe caer en la red que se le quiere tender…
Máximo Freixas
Extraído del Boletín de la Comisión Intercontinental de Relaciones en el Exilio, del 19 de julio de 1965


DE "LA SAFOR LLIBERTÀRIA" Nº 4

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