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domingo, 8 de diciembre de 2013

¿DELEGADOS? ¿POR QUÉ DELEGAR SI YO SOY CAPAZ Y RESPONSABLE? Propuesta de Organización de Aula

¿DELEGADOS? ¿POR QUÉ DELEGAR SI YO SOY CAPAZ Y RESPONSABLE?
Propuesta de Organización de Aula contra la elección de delegadas/os de clase

Un año más nos volvemos a encontrar con las trampas de las elecciones, bien sea para los sindicatos de estudiantes, bien para el claustro, o bien para ser delegada o delegado. ¿Qué ocurre cuando delegamos en otras personas aquello que nosotros somos capaces y capaces de hacer y que además es nuestro derecho poder hacerlo?

Toda la problemática de la sociedad actual nace de la delegación: en delegados sindicales, en políticos, en los gobiernos, etc. Cuando una persona adquiere representatividad sobre las otras, éstas se encuentran a merced del/de la representante. Una vez asumida la representación y el poder de decisión unilateral, esta persona actúa libremente sin preocuparse de los intereses de sus representados. ¿Es que el pueblo no es capaz de decidir sin políticos? ¿Es que los trabajadores y trabajadoras no pueden decidir en asamblea y tratar los problemas directamente con el patrón, sin intermediarios que puedan ser manipulados?

Así mismo ocurre con la delegación de estudiantes. Antes de delegar en una sola persona, tenemos que solucionar nuestros conflictos desde las asambleas de aula y de facultad, tratando los problemas directamente con la universidad y sin intermediarios que puedan ser “camelados” o sean afines a los idearios de la misma universidad y no de sus representados. No olvidemos que todo es un juego político y las afinidades tienen mucho poder de decisión.

En cambio, si no aceptamos participar las mecanismos del poder y nos organizamos al margen de estos mecanismos, las instancias superiores, burócratas, administrativas y políticas se encontrarán más desorientadas y les será prácticamente imposible manipular a los y las estudiantes.

Desde el Frente Revolucionario Estudiantil proponemos el rechazo de estos mecanismos de poder y, por lo tanto, el rechazo de la función de delegado/delegada en la figura de una sola persona. Ofrecemos igualdad, solidaridad, horizontalidad, apoyo mutuo y transparencia con una organización libre y asamblearia de todas las y los estudiantes:

·        La figura de “delegado/delegada” queda disuelta en favor de una figura colectiva que será el conjunto de la clase. Antes de cada reunión con las instancias universitarias y con margen de tiempo, la asamblea de la clase decidirá sobre los puntos a tratar en la reunión y elegirá un/a portavoz para la reunión. Así constará en el acta que se presentará a la secretaría de la facultad para que no nos impidan la participación en las reuniones por temas formales y burocráticos. Previamente a cada reunión, la asamblea también comunicará qué portavoz acudirá.

·        El/la portavoz no podrá decidir sobre ningún asunto que no haya tratado previamente la asamblea. En caso de decisiones inmediatas y urgentes sobre puntos no tratados a priori, el/la portavoz tendrá que dar cuentas a la asamblea después de la reunión para que esta ratifique o anule las decisiones tomadas.

De este modo aseguramos la participación de toda la clase en las decisiones que le afectan y la transparencia y horizontalidad en todos los procesos que se dan. Instamos a todas las clases a que rechacen la figura del delegado único y que se organizan asambleariamente adoptando una figura colectiva, que elaboren una acta firmada y que la entregan a Secretaría para que quede constancia y no nos nieguen la participación en las reuniones. La Universidad somos todas y todos.

Las normas y la burocracia sólo se han creado para que nada cambie. Si estás harto de tu situación, rompe las normas, organízate y ejerce la acción directa y el apoyo mutuo.   

Fronte Revolucionari Estudiantil - Magisteri-UV
Grup Estudiantil Anarquista   





martes, 27 de agosto de 2013

Anarcosindicalismo y Movimiento Estudiantil



La situación educativa que está creando el Estado junto con el gobierno de turno no solamente sigue sin satisfacer las necesidades reales del ser humano, sino que además está sufriendo un grave retroceso de varias décadas dirigiéndose hacia una educación extremadamente clasista y católica.  Sabemos que los sistemas educativos promovidos por los gobiernos y estados no hacen sino perpetuar las diferencias sociales y castrar creativamente al individuo, además de ir adiestrándolo en una especie de celdas que siguen los mismos patrones que las cárceles y las fábricas: horarios, restricciones, supeditación total a la autoridad, trabajo en serie, repetitivo y alienante del alumnado, desposesión total del alumnado de todo aquello que le rodea, etc.  Sus objetivos, la alienación social y la sumisión a las autoridades (patrón, estado, fuerzas del orden…).

Bien se entiende que un sindicato es una organización de trabajadoras y trabajadores, y la gran mayoría de estudiantes aún no han conseguido su primer empleo.   Sin embargo, en el mundo estudiantil, esto es, pre-laboral, durante todo ese dilatado espacio de tiempo en el que nos formamos para entrar a formar parte del mundo laboral, no existe un solo sindicato de estudiantes de corte anarquista.  No obstante, durante este período de tiempo el alumnado no cesa de recibir ofensas y ataques a pesar de verse obligado a seguir siempre las normas dictadas desde las instituciones: horarios a cumplir, faltas de asistencia, trabajos que presentar, asignaturas que superar para avanzar… 

Pero el problema que debemos afrontar en el mundo estudiantil, desde una perspectiva anarcosindicalista y revolucionaria, va más allá de las repercusiones directas del sistema educativo y sus políticas sobre dicho alumnado, pues los ataques en apariencia dirigidos a estos alumnos y alumnas extienden su veneno fascista hasta las familias de estos estudiantes.  En efecto, no se trata solamente de provocaciones al estudiantado, sino que se trata de duros ataques a la clase obrera, la cual no podrá cubrir los gastos educativos de su familia y en el caso de poder cubrirlos, la educación por la que está pagando no es precisamente de calidad (entendiendo por “calidad” la relación directa entre los intereses del alumnado y las enseñanzas ofrecidas, además de los mecanismos que definen la horizontalidad o verticalidad de estas relaciones estado-institución-profesor-alumno y la libertad con que se producen).  Es en este punto donde el movimiento estudiantil y el movimiento obrero se dan la mano, donde ambos se definen mutuamente, el punto crítico donde evidenciamos que las políticas estrictamente educativas afectan únicamente y de manera directa a la clase obrera más desheredada condenándole eternamente a subyugarse al estado y a la burguesía.

El sistema universitario es quizás el nivel educativo más afectado.  Por un lado con el Plan Bolonia 2015 se pretende volver a un sistema universitario clasista y elitista que regule el exceso de titulaciones, restringiendo para ello y de manera paulatina el acceso a los estudios superiores a las hijas e hijos de la clase obrera, a los desheredados.  Por otro lado, se pretende también llevar el sistema universitario al terreno privado, retirando las becas y aumentando indiscriminadamente el precio de las tasas.  De esta manera las hijas e hijos de la clase obrera se ven condenadas a vender su fuerza de trabajo bajo unas pésimas condiciones de por vida, y esto en el mejor de los casos.  En el peor, se pasarán más tiempo sin empleo y dependiendo de la caridad y las pocas ayudas sociales hasta que se vean obligados a robar, a traficar con drogas o a otros medios similares para poder malvivir y sobrevivir.  Para el capitalismo fascista resultaba intolerable que la hija de una obrera llegase a tener dos o más titulaciones universitarias y pudiese acceder a los mismos puestos de trabajo que la hija de una burguesa o una aristócrata.

En los institutos de secundaria y bachiller nuestras jóvenes empiezan a consolidar sus relaciones sociales y a proyectar su futuro estatus social.  El sistema educativo estatal muestra en esta etapa sus más feroces fauces pero de una manera sutilmente disimulada.  Al igual que en las prisiones, en los institutos se produce un agresivo moldeamiento del individuo: es aquí donde culmina su clasificación en el mundo educativo y empieza a gestarse su clasificación futura en la sociedad.  En efecto, es en esta etapa donde se inculcan en nuestras jóvenes los diferentes sentimientos de alienación, de frustración, donde se les hace creer que no sirven para nada, donde se destruyen sus expectativas, donde se aceptan los poderes y las jerarquías, donde se determina quiénes pasaran a formar parte de la masa obrera más explotada y quiénes podrán seguir estudiando para poder llegar a explotar a otras personas.  Es la etapa educativa más conflictiva para el individuo y a la vez es la más estricta y regulada y donde han de mostrar mayor sumisión a las normas y a la autoridad.  Y paralelamente, se trata del período vital más crucial para el individuo ya que durante la pubertad y la adolescencia es cuando definimos en mayor medida nuestra personalidad, cuando encontramos a nuestros grupos de iguales y a nosotros mismos.  Y los acontecimientos vividos en estas edades marcarán todo nuestro futuro no sólo socialmente sino también psicológicamente, y este es el factor más importante y por el que debemos intervenir y ayudar en la organización estudiantil.

Hace años que el sector socialdemócrata burgués, el sector comunista controlador, el sector fascista autoritario, y los sectores nacionalistas se han dado cuenta del potencial movilizador del mundo estudiantil y por ello crearon a sus propios sindicatos amarillos de estudiantes, que no son más que carroñeras lavadoras de mentes esperando captar votos políticos para sus partidos.  El sector anarquista ha optado en algunas universidades por organizarse en grupos de afinidad con una estructura mínima y, por desgracia, con una escasa repercusión, además del impedimento a la hora de poder convocar huelgas estudiantiles.  Dichas huelgas son convocadas por los sindicatos pseudo-obreros de manera desorganizada y descoordinada, teniendo como resultado la división de fuerzas, tanto entre diferentes regiones dentro del mismo nivel educativo (una semana en Madrid, la otra en Cataluña y/o Valencia…) como entre diferentes niveles en la misma región (esta semana huelga solamente de secundaria y bachiller, la próxima huelga solamente universitaria…).  La implantación de Sindicatos de Estudiantes desde el anarcosindicalismo revolucionario posibilitaría la coordinación en las acciones directas y las movilizaciones, tanto entre diferentes regiones como en diferentes niveles, además de hacer posible también la coordinación entre estudiantes y el profesorado de filiación anarquista. 


Hemos visto como tanto en la enseñanza media como en la enseñanza superior no solamente se abusa y se ataca al estudiante, sino también y sobretodo a su familia obrera y, por ende, a toda la clase obrera, perpetuándola en la explotación y la sumisión al estado y al capital.  Y las y los anarcosindicalistas no podemos abandonar a nuestras y nuestros chavales a su suerte y no facilitarles su organización hasta que se adentren en el mundo laboral o desistan del estudiantil, pues todas las cicatrices que muestran la obrera y el obrero cuando ya adultos se acercan a nuestro sindicato son producto de las puñaladas recibidas durante su etapa estudiantil, en su juventud, puñaladas que jamás terminarán de cicatrizar y que los marcarán para toda su vida.

El estudiantado está descontento tanto por la calidad de la educación impartida como por la manera en que ésta se imparte y gestiona, quiere estallar pero aún no sabe cómo, quiere organizarse pero aún no ha logrado emanciparse de las influencias burguesas reformistas de los sindicatos de partido, el movimiento estudiantil de este lustro admira el mayo del 68, quiere emprender un cambio, una revolución, ser protagonista de su historia… y es posible que se encuentre más preparado que en otras ocasiones históricas y con muchos más instrumentos de organización, pero también es verdad que se siente más desorientado que nunca.  Desea estallar, desea andar sobre los escombros de este mundo hacia un nuevo horizonte, pero no sabe cómo llegar, cómo caminar…  

El anarcosindicalismo debe hacerse presente en los movimientos estudiantiles, actualmente tan desorientados y manipulados, y lograr que avancen de la mano del movimiento obrero que dentro de unos años los acogerá, pues están en su pleno derecho de intervenir y organizar el mundo laboral en el que se verán inmersos en un futuro muy próximo. 

El asalariado teme perder su empleo, teme perder su presente, y muchas veces ello le impide organizarse y luchar; el negro presente del asalariado define su futuro, decide sobre sus acciones y sobre su vida.  Pero el estudiante no teme tanto por el presente como por su futuro, su futuro es más importante, su futuro define su presente, y no se resignan a encontrarse de pleno ante un futuro oscuro y nada halagüeño.  Al no tener un presente que perder su predisposición a la lucha resulta más evidente.

Y tal vez debiéramos insistir más en aquello que podría lograrse, mostrar los horizontes de la libertad, las conquistas otrora ganadas… insistir demasiado en describir aquello que nos ataca, insistir en acciones de denuncia, resulta bastante ineficaz ya que la mayoría de la gente ya se conoce de memoria esta parte de la lección.  Saben quién o qué nos ataca, conocen los daños infringidos, pero desconocen aún qué hay más allá de la lucha, qué beneficios nos puede traer, y este desconocimiento se traduce en miedo por actuar, en apatía, en pasividad.

Ya para terminar, el curso está a punto de empezar y no podemos ni debemos demorarnos en formalismos y perífrasis para bordear la acción, como anarcosindicalistas debemos ser responsables y responder ante todos los ataques a la clase obrera, y los ataques al estudiantado también son ataques a la clase obrera.  Como anarcosindicalistas, también tenemos que tener claras nuestras reivindicaciones en el mundo educativo y estudiantil: no defender reformas legislativas, no defender la educación del estado, sino defender la autonomía y la libertad del individuo para poder formarse, organizarse y alcanzar su plenitud.

Salud, Revolución y Anarquía.






jueves, 14 de marzo de 2013

Sobre las huelgas estudiantiles y su eficacia revolucionaria



La educación estatal, que no pública, siempre ha servido como bandera política de los diferentes gobiernos, sufriendo constantes reformas y transformaciones de manera servil hacia las ideologías dominantes en el gobierno de turno.

Actualmente y con un gobierno abiertamente fascista, la educación estatal que recibirán las presentes y futuras generaciones se convertirá aún más si cabe en poderoso instrumento de alienación y manipulación de masas.  En estos momentos vemos cómo día a día desmantelan esta educación estatal, que por el momento es la que está impartiendo el conocimiento a las clases más humildes (falta de la extensión y accesibilidad de otras alternativas), cómo despiden a profesores y aumentan las ratios, cómo disminuyen los recursos destinados al ente público convirtiendo colegios aceptables en escuelas tercermundistas sin calefacción ni papel higiénico.  Pero además están transformando una educación accesible a todo el mundo en una educación puramente elitista donde sólo unas pocas y pocos privilegiados conseguirán avanzar con éxito.

Podríamos hacer un análisis profundo de la situación actual de la educación, del plan Bolonia, o del adoctrinamiento que supone la educación estatal hacia su pueblo, pero no es éste el propósito de estas líneas.  Nosotras y nosotros abogamos por una educación libre y antiautoritaria, constructivista, autónoma, creativa y responsable, y rechazamos de pleno los métodos manipuladores de la educación impartida por los estados.  Pero cierto es que hasta el momento esa educación es la que está impartiendo el conocimiento a más del 80% de la población, y que las alternativas que surgen en torno a las pedagogías libres al fin y al cabo son iniciativas privadas y que suponen un coste nada despreciable para las familias, debemos ser realistas. 

En cuanto a los motivos que han inducido a los gobiernos a modificar las leyes educativas a todos los niveles, uno de los principales era el exceso de titulaciones, viendo cómo muchas personas procedentes de familias humildes contaban incluso con varios títulos universitarios.  Entonces el capitalismo levantó las orejas y gruñó que no podía permitir que los hijos de los obreros llegasen al mismo nivel de conocimientos que los hijos de los burgueses y ricos, porque si no… ¿quién sería la mano de obra no cualificada?

Pero no vamos a analizar aquí las políticas educativas ni qué tipo de educación es mejor o peor.  El cometido de este texto es reflexionar sobre cómo se están llevando a cabo las actuales huelgas de estudiantes y analizar su eficacia o ineficacia en su lucha ante el estado que desmantela la educación hasta sus límites más exagerados.   ¿Por qué después de más de un año de fuertes y continuadas movilizaciones el gobierno no ha cedido ni un ápice en sus propósitos?  Porque no les hacemos ni siquiera cosquillas.  Nos miran y se regodean, se burlan de las hijas e hijos de la clase trabajadora porque saben que tarde o temprano trabajarán como criados de los señoritos.

Antes que nada deberíamos analizar qué es y con qué objetivos se inicia una huelga.  Las huelgas han sido siempre uno de los principales instrumentos de lucha de la clase trabajadora en cualquier parte del mundo.  La decisión de ir a la huelga implica unos ataques previos del patrón o del Estado hacia la clase trabajadora, ataques de tal magnitud que han llevado a dicha convocatoria.  Su realización implica la unión previa de las trabajadoras y trabajadores hacia un objetivo común, bien sea el patrón o bien sea el Estado.  La eficacia de las huelgas radica en la paralización total o parcial de la producción, provocando pérdidas económicas al patrón o patrones, obligándoles así a negociar ante los trabajadores para solucionar los problemas y continuar con la producción, a fin de evitar más pérdidas.  Por desgracia esta paralización de la producción solamente se produce de manera parcial desde los Pactos de Moncloa, con el anti-obrero invento de los servicios mínimos:  si la producción o servicios continúan, aunque sea en su mínima expresión, la huelga no tendrá sentido y supondrá la merma de ánimos y salarios de los trabajadores en lucha.

Además de la producción hemos nombrado los servicios.  En efecto, en este mal llamado estado del bienestar y en esta sociedad donde el consumo no se reduce a la adquisición de artículos sino también de servicios, las huelgas no deben limitarse a paralizar la producción sino que deben encaminarse hacia la paralización total de toda actividad laboral, sea cual fuere su ámbito, y por ende hacia la paralización total de la vida cotidiana del estado.  Solamente así conseguiremos descubrirle los pies de barro al gigante.

Pero… ¿y las huelgas estudiantiles? ¿en qué espacio, en qué momento se produce la paralización de la vida diaria del Estado, aparte del corte de dos o tres calles durante tres horas para permitir una manifestación?  Definitivamente en nada dañamos al Estado fascista.  En cambio, en Quebec por ejemplo la población universitaria consiguió retirar la subida de las tasas hace un par de años, por no hablar del famoso mayo del 68.  ¿Qué diferencia existe entre nuestra lucha actual y éstas?  Es sencillo: la implicación de la clase obrera en el movimiento estudiantil, es decir, la conformación de un movimiento obrero-estudiantil potente.

Aquí y ahora, en la España del 2013, el estudiantado aún carece de este diálogo con la población obrera.  Hacemos una huelga, no acudimos a las clases ese día, incluso echamos de clase a los esquiroles para que durante toda la jornada no se imparta ni una hora de materia.  Salimos a las calles, gritamos consignas, hacemos asambleas universitarias… pero nuestra lucha sigue sin surtir efecto, y es porque al Estado nada le importa si ese día estamos en clase o estamos en casa.  ¿Qué gritamos? Nada, al final del día se nos habrá pasado, y mientras tanto las ciudades y pueblos continúan con su jornada habitual: cogen el coche, van al trabajo, salen a pasear, al bar, a comprar comida u otras cosas, a mediodía a comer y después más de lo mismo, para a la noche cenar y acostarse, esperando que a la mañana siguiente empiece otro día similar.  Ni se entorpece la actividad, ni la producción ni el consumo, y ese día el estado y los patrones manejan la misma cantidad de dinero que cualquier otro día, incluso el profesorado firma su asistencia y cobra su salario del día, provocando así una seria brecha entre los intereses de los dos protagonistas del hecho educativo, los que enseñan y los que aprenden, ambos a merced de los caprichos del Estado, ambos con el mismo enemigo a batir.

¿Pero cómo organizar una gran huelga efectiva desde el movimiento estudiantil?  En primer lugar, coordinándonos todas y todos los estudiantes de Iberia para que las jornadas de lucha confluyan.  Es extremadamente triste ver cómo ni siquiera entre nosotras las estudiantes nos ponemos de acuerdo en convocar las huelgas, y cada comunidad autónoma convoca sus propias huelgas cuando lo consideran.  Pero va más allá, porque ya ni tan sólo dentro de una misma comunidad universitaria, como aquí en Valencia, el estudiantado no se pone de acuerdo.  Esto se debe a la intromisión de las cúpulas sindicales que evitan la acción desde las bases e imponen sus propias jornadas de lucha, que tanto daño hacen también dentro del movimiento obrero.

Por ello consideramos necesaria la creación de diferentes núcleos de estudiantes en todas las universidades y centros educativos, dando impulso a una especie de federación estudiantil a nivel peninsular que sirva para coordinar todas nuestras luchas y dotarlas de mayor eficacia.  Hemos de tomar conciencia y responsabilidad de nuestra situación de clase y además como estudiante y reforzar la toma de decisiones desde nosotras y nosotros mismos, desde las bases, sin esperar a que las cúpulas nos impongan sus jornadas pre-fabricadas de lucha, siendo inconcebible que dicha lucha además aparezca segregada.

Además, no se trata únicamente de la coordinación en las acciones i movilizaciones estudiantiles en sus diferentes niveles.  Se trata también de implicar a la clase trabajadora, pues nosotras y nosotros somos sus hijos, sus nietos, sus iguales, y tarde o temprano también pasaremos a formar parte de esta masa productora.  Si como estudiantes no conseguimos paralizar la actividad del Estado debemos ser humildes y consecuentes y trabajar por compartir la lucha social con esta clase trabajadora.  Últimamente hemos podido ver cómo hay sectores estudiantiles que han dado un paso adelante y se han atrevido a cortar carreteras, como si de una huelga laboral se tratase.  Esto significa que algunas y algunos han empezado a compartir la praxis de la lucha obrera con sus tácticas y estrategias, sobretodo la acción directa.  Sin embargo aún estamos usando estas tácticas de manera aislada, sin llegar a aunar fuerzas con el movimiento obrero del que en pocos años pasaremos a formar parte.  Y la clase trabajadora más cercana que tenemos como estudiantes es el sector de la Enseñanza, con el que ni siquiera hemos iniciado el diálogo previo a la lucha compartida.

Ya terminando, si llevando a cabo una huelga estudiantil activa, con sus respectivos piquetes en las aulas y sus movilizaciones, los resultados dejan mucho que desear, menos efectiva será aún la lucha con ciertas actitudes como las de quedarse en casa y tomar la huelga como un día festivo sin clase.  Este tipo de actitudes han de ser erradicadas mediante la formación e información, pues contribuye a la victoria de los intereses fascistas del Estado. ¿Hubieran conseguido algo las y los estudiantes de Quebec si la mitad de ellos se lo hubiese tomado a fiesta dejado de lado la lucha?  De ser así gran parte de ese estudiantado hoy no hubiera podido acceder a sus estudios debido a la subida de las tasas universitarias; pero finalmente no sólo consiguieron retirar dicha subida, sino que consiguieron la dimisión del ministro de educación. 

Cuando nos están atacando de esta manera para impedir que las clases humildes puedan acceder a los estudios es sumamente impensable tomar una huelga como una jornada festiva.  Como hemos dicho antes, cuando se convoca una huelga es porque algo muy grave ha ocurrido o ha ido ocurriendo anteriormente y todas las formas de negociación entre las diferentes partes se han agotado.  Entonces entra en juego la huelga, expresión elevada de nuestro malestar.  Entonces, si tanto malestar tenemos durante el resto de días… ¿por qué el día en que podemos manifestar al mundo ese malestar muchas y muchos prefieren evadirse y dedicarse a los menesteres lúdicos?  Es curioso, el malestar se percibe todos los días, se contiene en las palabras, y justamente el día en el que ese malestar puede liberarse de las palabras para alcanzar los hechos… plas! desaparece del todo.

¿Hubieran conseguido algo los mismos estudiantes canadienses sin la participación de la clase obrera en las diferentes huelgas?  Probablemente no.  La lucha del estudiantado de América Latina también es extremadamente potente y ha logrado construir un eficaz poder estudiantil combativo.  Ambos movimientos estudiantiles son eficaces justamente por aquello de que carecemos aquí:  coordinación entre el mismo estudiantado y coordinación con el movimiento obrero.  Ambos movimientos surgen del pueblo, y como pueblo debemos empezar a organizarnos seriamente para poder construir un poder popular combativo y desde las bases.

¿Cómo implicar al movimiento obrero que tanto depende de las cúpulas?  Trabajando junto a él y formándonos mutuamente para vislumbrar juntas y juntos el horizonte de la Revolución Social.  Hasta entonces, sabemos que existe una gran masa de más de seis millones de paradas y parados, que aunque desempleados no dejan de ser clase trabajadora, de gente cuyos hijas e hijos están sufriendo también estos desmanes educativos.  Nuestras abuelas y abuelos, que tanto sufren viendo cómo  las nuevas generaciones ven aniquilar su futuro ante sus ojos, también están padeciendo los ataques capitalistas y fascistas y pronto se quedarán sin pensiones.  Somos el pueblo sometido unas y otros, unos y otras, y debemos ser nosotras mismas quienes nos liberemos de esta esclavitud.  Organicémonos y coordinémonos ante nuevas movilizaciones.  Una vez empiece, la ola revolucionaria se extenderá por toda la península. 

No tengamos miedo, estudiantes, pues nuestras hermanas y hermanos proletarios se unirán a nosotras y nosotros y lucharán a nuestro lado, como otrora ocurrió, pero hemos de demostrarles que nosotras también lucharemos a su lado. 

Somos el movimiento estudiantil  Somos la clase obrera.  Somos el fuego revolucionario que reducirá a cenizas al fascismo.



Frente Revolucionario Estudiantil – Magisterio-UV Ontinyent

fre.magisteri.uv@gmail.com