Mostrando entradas con la etiqueta CNT-AIT La Safor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CNT-AIT La Safor. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de mayo de 2020

Renta Básica Universal: ¿asumible desde el Movimiento Libertario?


¿Qué es la renta básica universal y qué supondría para la clase trabajadora?  ¿Cabe en nuestra ética anarquista asumir su exigencia como propia, o más bien se trata de un derecho que, aunque pudiera parecer justo, contradice nuestros objetivos de emancipación de la clase obrera?
La campaña sobre la Renta Básica Universal ha provocado en los medios libertarios un interesante debate con una gran diversidad de opiniones.  Y es que si por algo se caracteriza el movimiento libertario es por asumir los debates y fomentar la reflexión tanto individual como colectiva: ¿qué pienso yo al respecto? ¿Y qué piensan mis compañeras y compañeros del sindicato? ¿Cómo podemos construir entre toda la militancia de nuestro sindicato una respuesta para así comunicarla al resto de sindicatos y construir con ellos la postura que tomará la Organización? 
Es el consenso construido desde las bases lo que nos distingue.  Asumir un consenso implica el desarrollo de un debate a partir de las opiniones propias y de las del resto de compañeras y compañeros, implica escuchar y a la vez ser escuchado, e implica sobretodo capacidad de reflexión, de autocrítica y de una asertividad que se encuentra lejos de la imposición.  Reflexionamos, hablamos, escuchamos, cedemos… construimos.
Dicho esto, a lo largo de este artículo no vamos a tratar de discernir si la Renta Básica Universal puede o no formar parte de las exigencias de un sindicato anarquista.  Sencillamente vamos a exponer las diferentes perspectivas que se tienen al respecto y que han aflorado a partir del debate creado.  Las conclusiones las dejamos para quienes nos leen. 
La diferencia de opiniones y la repercusión que tanto su aceptación como su rechazo suponen para la clase trabajadora son de tal relevancia que realmente consideramos que este tema debería tratarse en una Conferencia de Militantes.  No obstante, creemos conveniente dedicar un espacio en nuestros medios de comunicación a ese tema tan delicado y a la vez importante.  No en vano la prensa confederal -a la que actualmente se unen los nuevos medios audiovisuales- ha sido tradicionalmente espacio de debates y de intercambio de opiniones.
Cuando hablamos de Renta Básica Universal no nos referimos a medidas como el Ingreso Mínimo Vital planteado ahora mismo desde el gobierno de España y que supondría una asignación económica media de 500 euros mensuales, dependiendo siempre de los ingresos existentes en cada familia y del número de personas a su cargo, sean menores o sean personas con discapacidad reconocida.  Este Ingreso Mínimo Vital se percibiría durante 12-24 meses en la mayoría de autonomías, mientras que en el resto de autonomías se propone que se retribuya indefinidamente mientras dure la situación de vulnerabilidad económica, esto es, hasta que se consiga un puesto de trabajo debidamente remunerado.
A diferencia del Ingreso Mínimo Vital, la Renta Básica Universal (a partir de ahora RBU) que protagoniza nuestro debate se concedería a todo el mundo desde el mismo momento de su nacimiento, puesto que ya desde los primeros años de vida el individuo muestra unas necesidades económicas que deben cubrirse.  Esta renta se asignaría sin tener en cuenta ingresos ni número de miembros en cada unidad familiar y sería compatible con la percepción de un salario fruto del trabajo.  Su percepción, así mismo, tendría lugar de manera indefinida y nunca se encontraría por debajo del salario mínimo interprofesional. 
En primer lugar se trata de una Renta Básica, de una asignación económica que permita vivir de manera digna, y es comparable a un salario mínimo interprofesional que se ha fijado precisamente bajo estos parámetros de dignidad con el que poder cubrir todas nuestras necesidades; en segundo lugar, hablamos de una Renta también Universal que se asignaría a todas las personas sin distinción alguna a causa de ingresos, procedencia, edad, tipología familiar, etc.
La universalización del derecho a la RBU evitaría así el engaño y la picaresca que podrían surgir al establecer como condición unas rentas mínimas familiares o personales.  Es decir, que si se decretase que la RBU se concediese a personas o familias que declarasen unos ingresos inferiores a determinada cantidad posiblemente se favorecería con ello la proliferación del trabajo en negro, de manera que se justifiquen esos ingresos mínimos necesarios para percibirla.  Esta situación motivaría un aumento de la economía sumergida con la finalidad de poder cumplir los requisitos exigidos para poder recibir esta RBU, con la consecuente pérdida de derechos laborales.    Si, por le contrario, todo el mundo tuviese derecho a la RBU, difícilmente alguien aceptaría desempeñar cualquier trabajo bajo nulas garantías por lo que respecta a derechos y seguridad laboral.
Además, tal y como se plantea dentro de la perspectiva anarcosindicalista, esta Renta sería una medida transitoria y no definitiva, una estrategia para el reparto de la riqueza generada por la clase trabajadora y que ahora se encuentra en manos de la Patronal y del Estado.  La riqueza que crea la clase trabajadora le es usurpada por el Estado y la Patronal, quedando nuestras obreras y obreros todos ellos despojados de todo atisbo de dignidad en el desarrollo de sus vidas y viéndose condenados a asumir cualquier condición laboral que se le imponga, por precaria que sea.  De esta manera, la Renta Básica Universal se convierte en una estrategia para promover el reparto de esa riqueza generada con el trabajo asalariado de millones de personas y que, hasta ahora, ha sido disfrutada solamente por unos pocos cientos de ellas.  En palabras de algunas compañeras y compañeros, “se dará un paso de gigante para acabar con la precariedad, la exclusión social y la explotación laboral, puesto que les trabajadores tendrán cubiertas sus necesidades y negociarán condiciones ventajosas”.
Con unas mejoradas condiciones de vida de la clase trabajadora, y una vez se haya conseguido una situación favorable que permita al obrero y a la obrera negociar las condiciones de su salario y del desempeño de sus labores, podremos enfrentarnos sin temores a la explotación y a las distintas reformas laborales que se vienen sucediendo a lo largo de los distintos gobiernos y siempre a mayor gloria del Capital y a mayor precariedad para la clase obrera.  Porque, una vez el individuo vive con la seguridad que le otorga la satisfacción de las necesidades básicas, se verá con valor y predisposición para negarse a asumir todo aquello que considerase injusto por lo que refiere a sus relaciones laborales con sus explotadores.  Incluso ante una huelga indefinida la acción se vería más decidida porque su pan diario no dependería del trabajo asalariado.
Esta medida, como hemos dicho, es transitoria y debe acompañar las demás luchas asumidas desempeñadas desde el Movimiento Libertario en General y desde la CNT-AIT en particular, como pueden ser la reducción de la jornada laboral o la autogestión de las empresas.  El objetivo último de la CNT-AIT y del Movimiento Libertario es la construcción de una nueva sociedad a través de una Revolución Social que removerá los cimientos del Estado y del Capitalismo para destruirlos sin posibilidad de vuelta atrás.  En ese nuevo mundo que construiremos el trabajo asalariado será abolido, así como también lo será el dinero, de manera que medidas como la RBU serán directamente innecesarias y carecerán de razón de ser.
Pero mientras se dan esas condiciones revolucionarias se defiende, desde esta primera postura, una RBU que crearía entre la clase trabajadora una situación de fortaleza y de seguridad que facilitarían ese proceso revolucionario que nos lleve hasta el Comunismo Libertario.  Porque de lo contrario, hasta que llegue ese momento… ¿qué ocurre con esa clase trabajadora desheredada, aislada, sin trabajo y sin recursos, y que no tiene posibilidades propias para poder alimentarse o para cubrir cualquiera que sea su necesidad y la de sus familias?  ¿Se quedan sin comer hasta que consigamos llevar a cabo la Revolución Social?  A una familia con dos hijos pequeños, por ejemplo, difícilmente le podríamos decir: “aunque ahora no puedas comer, no temas, porque después de nuestra lucha obrera, después de nuestras huelgas, después de nuestra acción decidida y convencida… podrás vivir en un nuevo mundo en el que nada te faltará.  Pero hasta entonces lucha, tengas o no tengas comida en la nevera”.  No sería justo.


Sin embargo, ¿quién nos asegura que, habiendo cubierto todas las necesidades de vida, una clase trabajadora que no ve peligrar su dignidad decidirá asumir un llamado a la acción revolucionaria que haga tambalear este viejo sistema que, aunque no sea perfecto, le asegura su manutención y la de los suyos?  Si en condiciones de precariedad los seguimientos de las Huelgas, por ejemplo, ya son escasos, ¿cómo van a secundar huelgas salvajes e indefinidas si no perciben razón para ello en un sistema que, al menos aparentemente, les está protegiendo?
Esta es la otra mirada hacia la RBU, la que considera que una medida de este tipo no es asumible desde el ideario Anarquista i emancipador que defienden la CNT-AIT y el Movimiento Libertario.
En palabras de otras compañeras y compañeros, lo que buscamos como anarcosindicalistas “es un reparto de la riqueza, pero esa riqueza es fruto del trabajo.  Todo el capital y toda la riqueza es producida por la clase obrera, les pertenece y lo único que hace el capital es arrebatárselo. La misión de la clase obrera debería ser adueñarse del fruto de su trabajo, definir en qué condiciones se debe producir y como distribuirlo, sin intermediarios de ningún tipo”.  Se crearía, además, una situación injusta e insolidaria en la cual “una persona beneficiaria de una renta no genera riqueza, otra persona trabajadora tendría que generarla para ella”, así que mientras unas personas vivirían “subvencionadas por el estado, otras permanecerían sometidas a la dictadura productiva del capital”.
Entonces, ¿cómo conseguimos ese reparto de la riqueza y del trabajo?  Pues como hemos hecho desde la Sección Española de la AIT desde hace más de 100 años: con lucha revolucionaria y emancipadora.  La dignidad de la clase trabajadora debe conseguirse por otros medios y estrategias, como pueden ser la reducción de la jornada laboral y de la edad de jubilación, o con la autogestión de las empresas que echen el cierre, entre muchas otras. 
Para repartir la riqueza, hay que repartir el trabajo, porque la dignidad de las trabajadoras y trabajadores deben provenir de su emancipación, y no de la buena voluntad de unos gestores de gobierno que, cambiado el color, cambiará también esos gestos de buena voluntad.  Al respecto, escribía Diego Abad de Santillán en los albores de la Revolución de 1936 que “al afrontar el problema de la transformación social, la Revolución no puede considerar al Estado como un medio, sino que ha de apoyarse en la organización de los productores.  Nosotros hemos seguido esta norma y no vemos necesidad alguna de que, con el fin de establecer un nuevo orden de cosas, hayamos de suponer la existencia de un poder superior al trabajo organizado”.
¿Y qué pasa con ese plato de comida que faltará en muchas casas hasta que se desarrolle ese período revolucionario que tanto ansiamos? ¿Se quedan sin comer hasta hacer la Revolución? Por supuesto que no, porque entre otros aspectos también nos caracterizan la solidaridad y el apoyo mutuo.  Las redes de solidaridad pueden dar respuesta temporal a estas necesidades básicas, pero siempre dando a conocer el origen de esas desigualdades y la importancia de construir una nueva sociedad desde la lucha sin cuartel contra esos males y su génesis: el Estado y el Capitalismo.  Esta lucha contra el origen de las desigualdades se plantea ineludible, porque si solamente se actúa sobre la capacidad adquisitiva del individuo y las familias, no se evidencia el origen de estas desigualdades y existe el peligro de que se corra un tupido velo sobre ellas. 
¿La RBU podría cubrir las necesidades básicas de la clase obrera?  Posiblemente.  No obstante, el objetivo de la CNT-AIT no solamente consiste en cubrir las necesidades básicas del individuo, sino que va mucho más allá y pretende romper con ese sistema creador de necesidades para construir una nueva sociedad en la que el individuo pueda alcanzar el máximo desarrollo de su conciencia, de su ser, de su creatividad, de su espíritu…  Y hasta que este sistema se rompa gracias a la acción decidida, el sindicato deberá constituir el germen de esa organización entre trabajadores y trabajadoras que les permita ejercer la solidaridad y la acción directa en condiciones de igualdad. 
Además, la RBU puede condicionar una falsa percepción de estabilidad económica y social que impida un correcto desarrollo de la organización proletaria ya que no se percibe esa necesidad de organización para la defensa de unos intereses concretos.  Consecuentemente, al no favorecer una organización rebelde y contestataria de la clase trabajadora, la función principal del sindicato como seno de la organización obrera perdería sentido y la situación económica, estructurada aún en mayor medida por el Estado y la Patronal, se encontraría mucho más alejada de un posible control obrero.
Resumidamente, la RBU crearía entre la clase trabajadora una situación de falso bienestar y de dependencia directa del Estado que restaría importancia y validez a la lucha de clases y, por lo tanto, a la necesidad de la organización obrera.  ¿Es justo que las familias puedan comer mientras logramos nuestras reivindicaciones?  Sin duda alguna, pero… ¿es asumible la exigencia de una Renta Universal por parte de un sindicato anarquista como CNT-AIT?  En absoluto, porque no es coherente con nuestra línea ideológica.
Habiéndonos acercado ya al final de estas exposiciones, llega el momento de volver a preguntarnos…  ¿Renta Básica Universal sí? ¿Renta Básica Universal no?  Aun habiendo mostrado diferentes puntos de vista resulta complicado poder emitir una sentencia firme.
Como anarcosindicalistas, ¿estamos de acuerdo en defender una Renta Básica Universal que permitirá mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora y que, al ver ésta sus necesidades cubiertas y al encontrarse en una situación de mayor estabilidad y seguridad vital aumentarán las posibilidades de plantear una Revolución Social que les va a exigir grandes sacrificios en beneficio de la Humanidad?  ¿O bien esta RBU servirá para adormecer aún más a una clase trabajadora que, viendo cubiertas esas necesidades, no verá necesidad de verse inmersa en un proceso revolucionario de esas magnitudes?  ¿Es justo pedir a la gente que tenga paciencia y hambre mientras nos organizamos y luchamos, o estas exigencias desprenden cierto egoísmo porque anteponen la línea ideológica a las necesidades reales?  ¿Diluye esta RBU nuestra esencia revolucionaria en beneficio de un cierto posibilismo que podría ser comparable, por ejemplo, a la aceptación de subvenciones o a la participación en elecciones sindicales, o bien nos deja anclados en un estricto marco ideológico que no consigue percibir las necesidades más inmediatas de nuestro Pueblo y que, además, no es capaz de comulgar necesidad inmediata con acción revolucionaria?
Queda claro que nuestro objetivo es una Revolución Social que nos conduzca hacia el nuevo mundo que deseamos, y que las mejoras que deseamos tales como el reparto del trabajo y de la riqueza deben venir a través de estrategias revolucionarias y emancipadoras, y no a través de entes intermediarios.  Pero hasta que lo consigamos, hasta que una huelga salvaje e indefinida por la reducción de jornada, por ejemplo, o hasta la toma y autogestión de las empresas, ¿qué decimos a esas familias que no pueden llenar sus neveras y que viven sin luz y sin agua porque no las han podido pagar?  Esas necesidades podrían satisfacerse con esta RBU, pero también con la solidaridad y el apoyo mutuo desde el sindicato, mostrándolo ante el Pueblo como una de las más eficaces herramientas para organizarse y terminar con esa situación de miseria y pobreza.  ¿Mejoraría esa RBU la predisposición a organizarse libremente para enfrentarse a la Patronal y al Estado al no temer por su bienestar, o por el contrario la RBU frenaría esa organización obrera al no considerarla necesaria para gozar de esa situación desahogada? 
Muchas preguntas, lo sabemos.  Y ninguna respuesta hemos ofrecido aquí, también lo sabemos Pero, como hemos dicho al principio, no pretendemos ofrecer una visión única ni consensuada sobre el tema, ni mucho menos dar respuestas concretas.  Nuestro objetivo es el de acercar a lectoras y lectores este intercambio de pareceres que ha tenido lugar en nuestra militancia.  Hemos intentado reflejar, a grandes rasgos, dos perspectivas muy generales al respecto de esta propuesta y de cómo enmarcarla en nuestro discurso anarcosindicalista.  Caben en el debate, por supuesto, muchos más matices y reflexiones mucho más profundas que las aquí expresadas, con lo que reflejar con todo detalle este debate nos supondría horas y horas de conversación y de intercambio de opiniones que después se traducirían en decenas, o incluso cientos de páginas que intentasen mostrarnos las diferentes exposiciones y los intentos de consenso desarrollados.
Como siempre, donde tiene que darse el debate es en vuestras asambleas, en vuestros puestos de trabajo, en vuestros sindicatos y grupos de afinidad… porque allí es donde debe gestarse toda organización y acción directa que deban llevarse a cabo desde la solidaridad y el apoyo mutuo entre iguales.
Lo que sí queda extremadamente claro es nuestro objetivo: el Comunismo Libertario.  Organízate y lucha por la Anarquía.




Artículo aparecido en La Safor Llibertària nº 7

Nos sobran los discursos


NOS SOBRAN LOS DISCURSOS

Llega de nuevo el 1º de Mayo, pero este no es un 1º de Mayo más.
Este año no hay manifestaciones, ni fotos, ni pancartas, ni banderas.  No hay altavoces repitiendo consignas que hacen la vez de villancicos.
¡Villancicos!  ¡Qué entrañables son, y cómo nos acercan a nuestros seres queridos! ¡Qué bonitas letras y compases cuando los sacamos del fondo del cajón y les quitamos el polvo para mostrarlos, relucientes e impecables, una vez al año!  Pero es 1º de Mayo… ¡y ya estamos cansadas de villancicos!
No, este año las fotos de portada fueron sustituidas por los discursos.  Aplausos en las radios, agradecimientos en las redes, y alguna noticia sobre calles vacías y sueños rotos en los medios audiovisuales, para mayor alegría del Estado y la Patronal y para mayor injusticia de la Clase Trabajadora.
Sin embargo, nos sobran los discursos.  Porque de nada nos sirven los discursos de esos sindicatos mayoritarios, siervos del Estado y del Capital, si con sus palabras dicen defender a la Clase Trabajadora pero con sus acciones la traicionan día tras día…  ¿Dónde os habéis escondido estos últimos años mientras han seguido ejerciendo sobre la Clase Obrera la explotación, la opresión, el abuso e incluso la muerte?  ¿Dónde os habéis agazapado mientras el hambre, el miedo y la miseria decidían ser nuestras fieles compañeras de camino?  Posiblemente, detrás de esos discursos que tantas cosas intentan esconder.
Sí, nos sobran los discursos, sobretodo los políticos, aun viniendo del lado que quieran venir.  Nos sobran unos discursos sobre igualdad que son declamados desde elevadas poltronas y adineradas butacas.  Nos sobran unos discursos de justicia desde una democracia parlamentaria que en medio siglo no ha conseguido acercar un ápice a una trabajadora ni a un trabajador a aquella vida que considera justa.  Nos sobran unos discursos sociales que consolidan precisamente la división entre clases para poder justificar así la intervención paternalista del Estado y la supuesta e impuesta necesidad de gestores benefactores que cuiden de su Paz Social.  No sobran, sí, sus discursos escritos sobre papeles y papeletas.
No, este año las calles no se llenaron y las fotos de portada fueron sustituidas por los discursos.  Los discursos son reflejo del pensamiento y de las intenciones, nos dirán… ¡pero el pensamiento sin acción no es nada!
Por eso, el Anarcosindicalismo es acción, acción directa, valiente y decidida.  Es acción cada una de las líneas con la que se escribe la Historia del Anarcosindicalismo.  
Por eso, el Anarcosindicalismo no ha cesado en su lucha por la Justicia Social y por la Libertad junto a las y los Trabajadores, a pesar de que ello implicara persecuciones, represión, multas, cárcel, exilio y muerte, a pesar de los años, a pesar de los discursos… 
Por eso, el Anarcosindicalismo constituye la acción inseparable al discurso, es la lucha conjunta hacia un Horizonte de Libertad y Progreso para la Humanidad.
Por eso, y porque el pensamiento sin acción no es nada… nos sobran los discursos.

¡PORQUE TODOS LOS DÍAS SON 1º DE MAYO!
¡EN RECUERDO DE UNA LUCHA OBRERA A LA QUE AÚN LE QUEDA MUCHO CAMINO HACIA NUESTRO HORIZONTE DE LIBERTAD!
¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIAL Y EL COMUNISMO LIBERTARIO!





domingo, 26 de abril de 2020

La Safor Llibertària nº 7


Apareix el número 7 de La Safor Llibertària, òrgan d’expressió del SOV La Safor.  En aquest número oferim algunes reflexions sobre les possibles conseqüències que la crisi de la Covid-19 podria tindre per a la classe treballadora i, alhora, ens plantegem quines hauria de ser la nostra postura front aquesta situació.
També donem veu a les diferents opinions que han sorgit al sí dels nostres sindicats amb el debat que sobre la Renda Bàsica Universal.  És assumible aquesta exigència des d’un discurs anarcosindicalista i revolucionari?
A més, estrenem una nova secció que esperem que arribe per a quedar-se ja de manera fixa.  Es tracta de Paideia, una secció on inclourem articles referents a Educació i Infància, sempre des d’una perspectiva crítica i llibertària.
I, com no, reproduïm el comunicat que la Confederació Nacional del Treball ha llençat front el proper 1r de Maig.
Finalment i com és ja costum, oferim dues versions de descàrrega: una en format web per a poder llegir des de l’ordinador, mòbil o tableta, i l’altra en format de periòdic per a imprimir en dinA3, de manera que a l’hora de muntar-lo la paginació és correcta, sols cal imprimir, plegar per la meitat i, si es desitja, grapar.

DESCARREGA’T EL NÚMERO 7 DE LA SAFOR LLIBERTÀRIA PREMENT SOBRE LES IMATGES AL FINAL DE L'ENTRADA


PD: Els diferents articles aniran publicant-se a la web, i els textos editats en valencià es reproduiran en valencià i castellà per a fer-los més accessibles a totes les persones lectores.



*      *      *
Aparece el número 7 de La Safor Libertaria, órgano de expresión del SOV La Safor. En este número ofrecemos algunas reflexiones sobre las posibles consecuencias que la crisis de la Covid-19 podría tener para la clase trabajadora y, al mismo tiempo, nos planteamos cuál debería ser nuestra postura frente esta situación.
También damos voz a las diferentes opiniones que han surgido en el seno de nuestros sindicatos con el debate que sobre la Renta Básica Universal.  ¿Es asumible esta exigencia desde un discurso anarcosindicalista y revolucionario?
Además, estrenamos una nueva sección que esperamos que llegue para quedarse ya de manera fija. Se trata de Paideia, una sección donde incluiremos artículos referentes a Educación e Infancia, siempre desde una perspectiva crítica y libertaria.
Y, cómo no, reproducimos el comunicado que la Confederación Nacional del Trabajo ha lanzado frente el próximo 1º de Mayo.
Finalmente y como es ya costumbre, ofrecemos dos versiones de descarga: una en formato web para poder leer desde el ordenador, móvil o tableta, y la otra en formato de periódico para imprimir en dinA3, de manera que a la hora de montarlo la paginación es correcta, sólo hay que imprimir, plegar por la mitad y, si se desea, grapar.

DESCARGA EL NÚMERO 7 DE LA SAFOR LIBERTARIA CLICKANDO SOBRE LAS IMÁGENES AL FINAL DE LA ENTRADA


PD: Los diferentes artículos se irán publicando en la web, y los textos editados en valenciano se reproducirán en valenciano y castellano para hacerlos más accesibles a todas las personas lectoras.





 La Safor Llibertària nº 7 web


Versió web






 La Safor Llibertària nº 7 Imprimible


Format per a imprimir i muntar


domingo, 19 de abril de 2020

¿Es posible la jubilación a los 55 años?


CAMPAÑA POR EL REPARTO DEL TRABAJO:
¿ES POSIBLE LA JUBILACIÓN A LOS 55 AÑOS?

Desde CNT-AIT podemos y debemos ofrecer una posible solución al trabajo precario y al elevado número de personas paradas con que nos encontraremos debido a la gran crisis que derivará de esta pandemia que ahora estamos sufriendo.  Y debemos hacerlo sin pérdida ni mengua de cualquier derecho social o laboral de los pocos que ahora nos quedan a la clase trabajadora, más aún si cabe después de que haya quedado patente que somos esa misma clase trabajadora sin apenas derechos quienes realmente hacemos funcionar toda la sociedad.
Repartir el trabajo significa que todas y todos podamos trabajar y que nadie se quede sin posibilidad de cubrir sus necesidades.  Trabajar menos para trabajar todas y todos no debería ser una opción sino una necesidad inmediata.  El futuro que nos espera es incierto y posiblemente miserable: millones de personas paradas van a sufrir la falta de ingresos en sus hogares y no van a poder optar a un puesto de trabajo en mucho tiempo.  Como sindicato libertario el bienestar de la clase trabajadora es una de nuestras prioridades.  Así lo ha sido a lo largo de nuestra historia de luchas, y así va a continuar siendo en un mundo cuyos sistemas favorecen cada vez más la opresión y la falta de libertades.  Ante esta situación, plantear una posibilidad del reparto del trabajo es esencial y nuestra organización así lo percibe.
No miréis estas propuestas como algo ilusorio, irreal, o poco viable.  No las veáis con la mirada del capital, del estado, la mirada con la que nos han educado para mayor beneficio del gobierno y la patronal.  Que sea vuestra mirada como la de quien contempla el horizonte que se levanta ante sus ojos y que le aguarda un nuevo y maravilloso destino, un destino mucho más justo y libre que aquél de donde viene.
Podemos llegar a ese destino, no os quepa duda.  Y con esta finalidad, con la idea de que decidáis emprender este viaje al haberos convencido de que no es ilusión sino necesidad y deber, hemos elaborado un breve estudio que, a grandes rasgos, ofrece datos concretos respecto a la reducción de la edad de jubilación en España.



EL NÚMERO DE PERSONAS EN ACTIVO DE MÁS DE 55 AÑOS
En España, el número de personas mayores de 55 años en activo, con trabajo actual, asciende a más 3.600.000.  Es una cifra que, según diferentes informes europeos y nacionales, va en aumento.  Pero al mismo tiempo, el número de personas en situación de desempleo menores de 30 años también sufre un aumento considerable continuo, siendo este crecimiento de más de 2.000.000 desde 2006 hasta situarse también en alrededor de 3.600.000 en la actualidad. 
Estas cifras se extraen del informe ‘Los trabajadores séniors en las empresas europeas”, realizado desde el Observatorio de Demografía y Diversidad Generacional de la Fundación IE con la colaboración de PeopleMatters y Sagardoy Abogados.  Según este informe, en los últimos diez años (2008-2017) el número de trabajadores mayores de 55 años en los nueve países europeos analizados por el informe ha crecido en 11,5 millones de personas, con Italia registrando el mayor incremento relativo, con un 70% más de trabajadores sénior en dicho periodo. En España, este incremento ha sido del 42%, hasta alcanzar los 3,6 millones de trabajadores con más de 55 años.  Los responsables del estudio señalan que su peso va a aumentar en la economía española en los próximos 10 años de forma significativa, lo que se traduce en un aumento considerable de trabajadoras y trabajadores con más de 55 años y en detrimento y perjuicio de las personas más jóvenes.
Si hablamos en términos de porcentajes, un informe elaborado por el Observatorio de las Ocupaciones del Servicio Público de Empleo Estatal revela cómo el número de trabajadores mayores de 55 años ha crecido un 20% durante los últimos cinco años. Una evolución que contrasta con la de los jóvenes de 25 a 34 años, que ha descendido un 14%.  Esto hace que la población activa en España tenga cada vez más edad, a la vez que la población desempleada es en su mayor parte joven.  Por otra parte, dicho crecimiento conduce hacia unas previsiones de más de 4.5000.000 de población laboral activa mayor de 55 años para los próximos 5-6 años, con el consiguiente aumento de población joven desempleada.
Pero no creamos que en períodos de crisis se va a prescindir de la gente mayor para favorecer la contratación barata de jóvenes.  Según el SEPE, “el envejecimiento de la población ocupada es un fenómeno que se ha manifestado tanto durante los años de recesión como en el período de incipiente recuperación”.
A pesar de estos datos, los organismos económicos europeos instan a los diferentes gobiernos a tomar medidas para prolongar la edad de jubilación.  En vez de realizar propuestas de jubilaciones a edades más tempranas, lo que hacen es elevar recomendaciones de lo que ellos llaman “bienestar laboral” para mayores de 60 años, planes de “tránsito hacia la jubilación”, pero eso sí, a los 70 o incluso más, de manera progresiva.
No podemos consentir que haya personas a las que, después de haber estado trabajando durante más de 40 años, no se las permita jubilarse para vivir la última etapa de sus vidas de manera digna y libre, mientras que se condena a la población más joven a verse sumida en el desempleo y vivir a costa de contratos cada vez más precarios, a comer de la caridad o de los servicios sociales o mantenerse con los sueldos y pensiones de nuestras personas mayores.
Un dato curioso es el que nombrábamos antes y es que, si bien hay más de 3.600.000 de personas de más de 55 años trabajando, hay prácticamente la misma cantidad de personas jóvenes desocupadas inscritas en el sistema público de empleo (unas 3.680.000).  Por este motivo, una de las exigencias es que cada puesto de trabajo que quede libre a causa de una jubilación sea cubierto por una persona desempleada.  De lo contrario, en muchos casos el avance de la edad de jubilación no serviría para favorecer el reparto del trabajo, pues ya conocemos cómo aprovechan muchas empresas las jubilaciones anticipadas para reducir sus plantillas.



HABLAMOS DE CIFRAS
Una parte considerable de la sociedad mide la viabilidad de las diferentes propuestas de mejora social en términos de números, de economía.  No las miden en términos de bienestar, de desarrollo personal, de ecología o de libertades: en una sociedad educada por el capitalismo de estado la clase trabajadora piensa primero en la economía del explotador, segundo en su propia economía y, por último y si cabe, en el bienestar social, en las libertades y en los derechos.  Por eso hemos creído conveniente ofrecer algunas cifras, mal que nos pese, para que se perciba en esta propuesta la viabilidad de su implantación y, además, la necesidad de ello.  Para que se vea, en definitiva, que esta propuesta no es una mera declaración ideológica de intenciones sino que es la opción más inmediata, junto con la consecución de las 25 horas semanales y la prohibición de las horas extras, para poder obtener una mejora en nuestra calidad de vida al repartir el trabajo.  Una propuesta emancipadora, al fin y al cabo, en la que la clase trabajadora tenga posibilidad de su propia manutención.
Lo primero que podría pensarse es que esta propuesta provocará un aumento del gasto social que, en principio, será difícil de asumir.  Pero ese gasto depende de las cotizaciones, es fruto del trabajo, y si bien se jubilarán casi 4.000.000 de personas, habrá otras tantas que se incorporarán al trabajo, con sus respectivas cotizaciones por una parte, y con la necesaria reducción del gasto social en subsidios y ayudas a gente parada y necesitada.
Respecto a cifras concretas, la pensión media del sistema, que comprende las distintas clases (jubilación, incapacidad permanente, viudedad, orfandad y a favor de familiares), alcanza los 934,63 euros mensuales según datos de 2019. 
Si nos acogemos a esta media, adelantar la edad de jubilación a los 55 años supondría un gasto adicional aproximado de alrededor de 45.000 millones de euros, calculando para ello una media de 14 pagas anuales.
Por otra parte, si nos fijamos en el gasto anual por prestaciones y ayudas sociales por desempleo, esta cifra va en aumento cada año y se cree que en todo 2020 alcanzará niveles de 2012, siendo ésta de 31.679 millones de euros.  Lo que se estimaba, antes de la aparición de la pandemia y del decreto del estado de alarma, es que este 2020 el gasto por desempleo superase con creces los 20.000-25.000 millones de euros, pero los primeros meses del año han dado a conocer la tendencia descrita de acercamiento a datos de 2012.  Después de esta situación de alarma y de crisis, esta cifra aumentará mucho más allá de la resultante en 2012, sin duda alguna.
Asimismo, se calcula que cada persona laboralmente activa contribuye con una media de 7000 euros anuales en concepto de cotizaciones.  Tomando como referencia únicamente la cifra de 3.600.000 nuevos puestos de trabajo, estas cotizaciones se traducen en 25.200 millones de euros que no dejarían de ingresarse puesto que, habiendo dejado de computar las nuevas jubilaciones, los nuevos puestos de trabajo generados a partir de ellas seguirían con este ritmo de cotizaciones.  Aparte hay que tener en cuenta que las pensiones por jubilación también cuentan con retenciones por IRPF.  Si le añadimos, como hemos dicho, los nuevos puestos de trabajo generados por la disminución de la jornada laboral y la eliminación de las horas extras (con el consiguiente aumento de cotizaciones), nos encontramos ante un panorama laboral y social perfectamente asumible por este estado que sólo desea una clase trabajadora explotada, necesitada y sumisa.
En resumen, estamos hablando de que si se adelanta la jubilación a los 55 años y se insta a cubrir esos puestos de trabajo con personas desempleadas, el gasto social en pensiones aumentará alrededor de 45.000 millones anuales, pero disminuirá drásticamente un gasto social por desempleo que se estimaba para este año de entre 25.000 y 32.000 millones, y que después de la situación de alarma que estamos viviendo va a suponer con toda probabilidad mucho más de estos 32.000 millones de euros. 
En otras palabras, estaremos hablando, a priori y en el mejor de los escenarios con un gasto por desempleo de 25.000 euros, de una diferencia de entre 15.000 y 20.000 millones de euros.  Repetimos que eso sería en el mejor de los escenarios, porque si se cumplen las previsiones dadas antes de esta crisis causada por el Covid-19 los cálculos nos acercaban a una cifra de gasto por desempleo y subsidios de cerca de 32.000 millones, con lo que la diferencia se reduce a unos 13.000 millones.  Sin embargo, todo augura un aumento desmesurado en el gasto por desempleos y subsidios después de la crisis que se disparará irremediablemente más allá de los 32.000 millones de euros al haber sufrido este pasado mes de marzo el mayor aumento de número de personas desempleadas de las últimas décadas y marcar un rumbo al alza en el desempleo.
La diferencia que se calcula a partir de aquí oscilaría alrededor de los 6.000-9.000 millones de euros, incluso menos si las cantidades destinadas al desempleo alcanzaran los 38.000-40.000 millones.  Puede parecer una cifra exagerada, pero si la comparamos con la aportación que, por ejemplo, hace anualmente el estado a la Iglesia y que es de más de 11.600 millones de euros, podemos comprobar cómo se trata de cantidades perfectamente asumibles si se establecen criterios y prioridades coherentes con los tiempos que vivimos.
Junto a todo ello habría de tenerse en cuenta las nuevas cotizaciones a partir de los nuevos puestos de trabajo resultantes de disminuir la jornada laboral, los ingresos derivados de las retenciones por IRPF de las nuevas jubilaciones, la reducción de otras partidas de dinero destinadas a afrontar diferentes aspectos de nuestra problemática social como ayudas contra la pobreza estructural e infantil, planes para el fomento del empleo (ayudas que con el tiempo serían cada vez menos necesarias al asegurar la manutención de las familias gracias a su propio trabajo y esfuerzo), etc.  Además… ¿qué mejor fomento del empleo que dejar que nuestras personas mayores descansen de sus obligaciones laborales para que nuestras y nuestros jóvenes tengan al fin la posibilidad de trabajar? ¿Qué mejor medidas contra la pobreza familiar e infantil que dar a esas familias un puesto de trabajo en condiciones dignas y con garantía de todos sus derechos?  ¿Qué mejores medidas para la conciliación personal, familiar y laboral que la reducción de la jornada laboral?
Resulta curioso que estas propuestas aún no se hayan llevado a cabo o que ni siquiera se hayan planteado.  La lástima es que resulta increíble desde nuestra óptica de justicia social y de reparto del trabajo y de la riqueza.  Decimos lástima, porque desde la perspectiva del Capital es precisamente lo que esta gente desea: trabajar en jornadas interminables hasta que te mueras mientras la gente joven se encuentra sumida el desempleo y en la desesperación, dispuesta así a aceptar cualquier condición laboral y cualquier pérdida de derechos con tal de poder tener unos ingresos mínimos con los que vivir.
Por supuesto y junto a las cuentas anteriores, debería resultar obvio que podríamos prescindir de, por ejemplo, el más de 1.000.000 de euros destinado única y exclusivamente al pago de dietas de diputados y senadores, que podríamos exigir también que la Iglesia pagara sus impuestos correspondientes a todas las propiedades que posee y al dinero ingresado anualmente (el cual alcanza casi los 1000 millones de euros de diferentes ingresos y actividades, a parte de los 11.600 millones de euros que percibe del estado y que hemos nombrado anteriormente), que se les podría exigir un aumento en los impuestos a las rentas más elevadas y las grandes empresas…  Pero esto son otros temas que atajaremos en el momento adecuado.



LOS CÓMPUTOS
Con las últimas reformas realizadas por Rodríguez Zapatero en su gobierno socialdemócrata se cambiaron las exigencias en las cotizaciones para poder cobrar el 100% de pensión: se aumentaba la edad de jubilación a 67 años y el cómputo para calcular la pensión pasaba de los últimos 15 años trabajados a los últimos 25.  Se decidió que estos cambios se realizarían de manera progresiva, por lo que cada año cambiarían las condiciones de cotización.
Desde el 1 de enero de 2020, la edad legal de jubilación para aquellos trabajadores que hayan cotizado menos de 37 años será de 65 años y 10 meses (hasta el 31 de diciembre de 2019 esta edad es de 65 años y ocho meses para los que hubieran cotizado menos de 36 años y nueve meses).  Si bien quienes puedan acreditar 37 años de cotización o más durante todo el próximo año podrán seguir jubilándose sin penalización ninguna a los 65 años.  En 2019 esta posibilidad ha sido para quienes hubieran cotizado 36 años y nueve meses o más.
Siguiendo esta progresión, el año que viene se ampliará el número de años cotizados para calcular la pensión de jubilación.  Este cómputo pasará a hacerse sobre los últimos 23 años de la vida laboral, mientras que en 2019 se tomaban los últimos 22 años.
Pero si adelantamos la edad de jubilación a los 55 años, estos aspectos deben modificarse para poder adecuarse a la nueva situación.  Por eso mismo exigimos que únicamente sean necesarios 25 años cotizados para poder cobrar el 100% de pensión.  Asimismo, exigimos que la pensión a percibir se calcule en base a los últimos 15 años trabajados y siempre teniendo en cuenta la revalorización de las nóminas.
Planteamos los 15 años porque, actualmente y en las condiciones laborales que vivimos, las nóminas no necesariamente sufren un aumento lineal sino que, paradójicamente, muchas nóminas disminuyen mientras vemos que la vida cada vez está más encarecida.
Al mismo tiempo, y dentro de ese cómputo de 15 años para calcular la media, pedimos también que los períodos de inactividad laboral o de baja por enfermedad computen según la  base reguladora existente tal y como se haría si ese tiempo estuviese en activo.  En estos tiempos de incertidumbre laboral y de contratos precarios es posible que a lo largo de los últimos 15 años de la vida laboral de una persona, gran parte de ese tiempo se haya estado viviendo una situación de desempleo con poca o ninguna percepción de ingresos, o que la persona haya sufrido alguna baja prolongada por enfermedad.  Si este punto no se resuelve afectaría negativamente a la baja en el cálculo de la cantidad a percibir, pues esas mensualidades con escasos o nulos ingresos con los que cotizar disminuirían la media de todos esos 15 años laborales.



RESUMEN DE LA PROPUESTA
Después de haber ofrecido datos y explicaciones al respecto, pasamos a resumir los puntos principales en los que basamos nuestra propuesta:
·         Jubilación a los 55 años, obligando a las empresas a cubrir los puestos de trabajo con nuevas incorporaciones.
·         Reducción de los años cotizados necesarios para cobrar el 100% de pensión a 25, de los más de 36 que se requieren ahora mismo.
·         Cálculo de la pensión en base a los últimos 15 años trabajados.
·         Mantenimiento de la revalorización de las cotizaciones más antiguas en el cómputo de los últimos 15 años.
·         Cotización según base reguladora de los períodos de desempleo o de baja laboral por enfermedad u otras causas para realizar el cómputo de los últimos 15 años.



VIABILIDAD DE LAS PROPUESTAS
Con todo lo anterior, queremos insistir en la viabilidad.  Pero no en la viabilidad para el mantenimiento de un sistema opresor y su falso sueño de “estado del bienestar”.  Es la viabilidad de la vida digna para la clase trabajadora aquella por la que apostamos.  Es su dignidad, su sustento, su firmeza y seguridad en que no le va a faltar puesto de trabajo con el que alimentarse ni con el que alimentar a sus familias, aquello que defendemos.  Es el posicionamiento de una clase trabajadora con suficiente seguridad en su situación laboral como para que obligue a la patronal a negociar las condiciones de su trabajo, porque estando fuera del peligro de la pobreza se verá con fuerzas para exigir el cumplimiento sin discusión de todos y cada uno de sus derechos, así como la conquista de nuevas mejoras.
Queríamos que la clase trabajadora a la que nos dirigimos viera esta propuesta con la misma claridad y necesidad que nosotras y nosotros, y este es el motivo por el que hemos realizado este pequeño informe.  Debemos ser convincentes y eliminar en el Pueblo todo atisbo de duda generada por parte del estado y de la patronal.  Su sistema sí que es viable trabajando menos, es viable con jornadas de 25 horas, es viable sin horas extras y con jubilación a los 55 años.  
Esperamos y creemos que estas propuestas de reparto del trabajo, junto con la autogestión de las empresas que vayan a cerrar las puertas, contribuirán positivamente al bienestar de la clase trabajadora y al desarrollo y consecución de su dignidad y derechos como trabajadoras y trabajadores.  Más que ser viable económicamente, es necesario moral y socialmente.
Esto son solamente pequeños avances en los derechos de una clase trabajadora que desarrolla su vida en el marco de su sistema capitalista y burgués, sea socialdemócrata o sea conservador, pero somos conscientes de que lo único que es realmente viable para la clase trabajadora es la abolición de la propiedad privada, del trabajado asalariado y del sistema de clases con sus relaciones de poder y de autoridad.  Mientras tanto, procuremos unas condiciones de vida que le permitan perder todos los miedos y temores que actualmente la condicionan a la sumisión y resignación.
Exijamos el reparto del trabajo para repartir la riqueza: por las 25 horas semanales, por la jubilación a los 55 años y por la eliminación de las horas extraordinarias.

¡REPARTAMOS EL TRABAJO, NO LA MISERIA!
CNT-AIT LA SAFOR





Ante la crisis que nos viene: repartamos el trabajo, no la miseria


ANTE LA CRISIS QUE NOS VIENE:
REPARTAMOS EL TRABAJO, NO LA MISERIA


El reparto del trabajo ha sido siempre una de las estrategias a cumplir por parte de la CNT-AIT para poder mejorar las condiciones y derechos de la clase trabajadora mientras se vea obligada a acatar el sistema de trabajo asalariado.  Si bien el objetivo último de la CNT-AIT es la liberación de la clase trabajadora a través de su total emancipación, lo que implica entre otros logros la abolición del trabajo asalariado, este reparto del trabajo se convierte ahora en una exigencia indiscutible para el bienestar de trabajadoras y trabajadores y, por lo tanto, es asumido con firmeza por la Confederación Nacional del Trabajo.
El desempleo es uno de los mayores enemigos de las personas trabajadoras en una sociedad capitalista porque conlleva la disminución de derechos y del bienestar de las familias, llegando con demasiada frecuencia a situaciones de hambre, de miseria y de exclusión social.  Es por ello que creemos que una ocupación plena de la clase trabajadora da como resultado un mayor empoderamiento respecto a su situación vital y familiar y ayuda a evitar situaciones de desigualdad económica y social.  Aunque no olvidemos que, mucho más allá de las diferencias económicas, es en el poder y la autoridad donde nacen todas las desigualdades que amargamente infectan a nuestra sociedad.
A lo largo de las últimas décadas hemos visto cómo ninguno de los gobiernos ha luchado para eliminar esas desigualdades derivadas del desempleo.  Esto ocurre porque sencillamente el desempleo favorece la aceptación del empleo precario.  Ocurre porque el desempleo favorece la aceptación de la pérdida de derechos y la sumisión ante nuevas reformas laborales que sitúan cada vez más en peor situación a la clase trabajadora.  Ocurre porque consolida un sistema de clases en el cual un pequeño grupo de personas con dinero pero que no trabajan necesitan de un mayor número de personas sin dinero y sin derechos que acepten trabajar a cualquier precio.  En otras palabras: el desempleo significa sumisión, miedo, pérdida de derechos, explotación, esclavitud…
La actual crisis sanitaria y el decreto del Estado de Alarma van a aumentar más si cabe estas desigualdades al dispararse las tasas de desocupación.  Los estados no hacen más que hablar de salvar la economía y se olvidan, una vez más, de salvar a la clase obrera que es la que levanta el país después de cada catástrofe y la que hace funcionar la sociedad día tras día.  Por eso favorecen ERTEs que, al contrario de lo que nos venden, dejan las puertas abiertas al despido indefinido y en los que las empresas no van a pagar ni un céntimo, por eso se niegan a que paguen más quienes ostentan grandes fortunas labradas con la sangre y sudor de la clase trabajadora y que sean estas fortunas quienes asuman el peso de la crisis ya que realmente no les pertenecen a ellas sino al pueblo en su conjunto, y por eso obligan a acudir al puesto de trabajo a pesar de los riesgos que existen para la salud…  En definitiva, sea cual sea el color del gobierno, van a vestir de supuesta lucha contra el desempleo unas medidas que solamente servirán a los intereses de la patronal y del capital.
Pero si lo miramos bien no hay ningún sentido para seguir manteniendo el actual sistema de trabajo.  Realmente debería ser así, porque… ¿qué sentido hay en mantener un sistema que favorece que unas pocas personas acumulen cientos de miles de euros anualmente, millones incluso, mientras que quienes les producen estos beneficios solamente dispongan de una millonésima parte de aquello que producen y vivan con sueldos ridículos?  ¿Qué sentido hay en trabajar durante jornadas extenuantes mientras muchas otras familias se quedan sin empleo y sin poder comer o pagar la luz y el agua?  Un reparto de trabajo se hace irremediablemente imprescindible para la supervivencia de la clase trabajadora.  Queremos repartir el trabajo para no tener que repartir la miseria.
Si no llevamos a cabo este reparto nos esperan unos años muy difíciles por culpa de la desocupación.  Y no sólo hablamos por el desempleo que causará esta crisis.  También nos queremos referir al desempleo que va creándose en un segundo plano de manera inexorable e inevitable a causa de los avances tecnológicos e industriales.  La innovación tecnológica en constante evolución produce una notable mejora de la producción y de los beneficios para la patronal, pero por otra parte provoca una disminución en la necesidad de mano de obra.  Es decir, cada vez hace falta menos gente y menos tiempo para producir lo mismo, con lo que dentro de unos años se van a necesitar muchas menos personas para conseguir la misma producción que hoy.  Y aquí se plantea una pregunta: si con la innovación tecnológica se produce más con menor mano de obra y en menor tiempo, y si al ser así el margen de beneficios es cada vez mayor… ¿por qué no se traduce esto en una mejoría de las condiciones de la clase trabajadora y productora?  ¿Por qué únicamente repercute en una mejora del sistema de beneficios para la patronal y el capital? Y, lo más importante… ¿por qué ante un sistema de producción de estas características, de gran tecnología pero con elevados índices de desempleo y precariedad, seguimos aceptando el mantenimiento de este funcionamiento creador de desigualdades?
Creemos pues que ya es hora de equilibrar la balanza y de que el sistema de producción se adapte a las necesidades de la clase trabajadora, que es quien produce, y no al contrario tal y como viene sucediendo.  Nosotras no tenemos por qué adaptarnos a la patronal ni a las empresas, son ellas las que deben adaptarse a nosotras porque somos quienes conseguimos que todo su sistema funcione.  Entonces, si es así, exijamos tomar nuestra parte, exijamos ocupar nuestro justo lugar dentro de este juego.
Por todo lo anterior, la CNT-AIT tiene muy claro cuáles son las medidas más inmediatas a tomar respecto a un reparto justo del trabajo, y las resumimos a continuación:
  •           Reducción de la jornada laboral a 25 horas semanales
  •          Jubilación a los 55 años
  •          Eliminación de las horas extraordinarias


No son estas medidas, como decíamos al principio, sino estrategias para la consecución de una mejora en las condiciones de la clase trabajadora mientras desarrollemos nuestras actividades laborales dentro de su sistema neoliberal.  Estrategias, decimos, pero no objetivos, porque nuestro objetivo siempre será la emancipación de la clase trabajadora con todo lo que conlleva.
En estos momentos de cambio social, haz que por una vez las mejoras no vayan únicamente hacia la patronal, las empresas y el Estado: queremos que los cambios que se avecinan traigan consigo mejoras para la clase trabajadora, no más paro, hambre y miserias.  Si nosotras producimos, nosotras decidimos.

¡POR EL REPARTO DEL TRABAJO!  ¡POR UNA VIDA DIGNA!
CNT-AIT LA SAFOR






sábado, 18 de abril de 2020

CNT-AIT ante la vuelta al trabajo en plena crisis sanitaria


                        NUESTRAS VIDAS VALEN MÁS QUE SUS BENEFICIOS

A pesar del «Quédate en casa» y del «Esto lo paramos juntos», el Estado español ha permitido que vuelva al trabajo toda aquella actividad considerada no esencial. Mientras tanto, millones de personas permanecen recluidas en sus casas desde hace ya más de un mes, haciendo un enorme sacrificio para intentar detener una pandemia que, solo en España, mata cada día a centenares de personas y contagia a otras miles.
Es necesario recordar que no todo el mundo dispone de amplios espacios donde vivir, ni de grandes jardines ni terrazas donde poder pasar el tiempo. La mayoría vivimos encerrados y encerradas en pisos pequeños con nuestras familias o en minúsculos espacios compartidos con otras personas. Nuestras hijas e hijos pequeños necesitan salir a jugar y a correr al parque y no pueden, las personas mayores necesitan salir a que les dé el aire y a estirar las piernas y activar su circulación por cuestiones de salud, y tampoco pueden, y como éstas, podríamos señalar otras muchas circunstancias que convierten el día a día de muchas personas en algo insoportable. Somos conscientes de la gravedad de la crisis sanitaria, motivo por el cual es imprescindible que todo el mundo se sacrifique, y en esto se incluye a las empresas de actividades no esenciales. Hay que priorizar nuestra salud, antes que sus ganancias. 
Este virus y este confinamiento no nos afecta a todas las personas por igual, como han repetido constantemente los medios de comunicación. En absoluto.
La vuelta al trabajo de toda actividad no esencial nos parece una medida que el gobierno ha tomado con el único fin de satisfacer a la burguesía capitalista y su afán de acumular riquezas. Creemos que un sistema económico debe tener en cuenta lo social, lo ético y lo moral por encima del beneficio particular de unos pocos.
Pensamos que lo responsable, lo ético y lo moralmente aceptable sería priorizar la salud y las vidas de las personas antes que los beneficios económicos empresariales. Pero esto sería totalmente incompatible con el sistema de producción capitalista.
Desde la CNT-AIT nos oponemos a la vuelta al trabajo de toda actividad no esencial hasta que no se retire el estado de alarma y se levanten las medidas de confinamiento en sus casas de la población.
Hay sectores que se están jugando la vida ante este virus letal, para garantizar y hacer llegar los recursos mínimos necesarios para vivir a toda la población: personal de servicios sanitarios, sectores de elaboración y distribución de alimentos y otros productos básicos, personal de cuidados y servicios... De nada sirve el gesto simbólico de asomarnos a las ventanas a aplaudir, mostrando nuestro apoyo a todas estas personas, si no exigimos que se tomen las medidas necesarias para detener la pandemia. De nada sirve que una parte de la población se quede en casa, haciendo un sacrificio enorme, si al mismo tiempo millones de personas se van a ir a trabajar juntas y también van a compartir trenes, autobuses, metro, poniendo en riesgo sus vidas y las de las demás personas. Por otro lado, dudamos que la vuelta al trabajo se desarrolle en muchos sitios, respetando las medidas de seguridad mínimas para evitar contagios. Muchas han sido las denuncias que se han hecho en este sentido, y ni siquiera el personal sanitario dispone en ocasiones, del material necesario para garantizar su seguridad. Esta crisis se está pagando con vidas humanas.
Exigimos que se paralice toda actividad no esencial hasta que no se cumplan las condiciones necesarias para retirar el estado de alarma, y se levanten las medidas de confinamiento en sus casas, de toda la población.