CAMPAÑA POR EL REPARTO DEL TRABAJO:
¿ES POSIBLE LA JUBILACIÓN A LOS 55 AÑOS?
Desde
CNT-AIT podemos y debemos ofrecer una posible solución al trabajo precario y al
elevado número de personas paradas con que nos encontraremos debido a la gran
crisis que derivará de esta pandemia que ahora estamos sufriendo. Y debemos hacerlo sin pérdida ni mengua de
cualquier derecho social o laboral de los pocos que ahora nos quedan a la clase
trabajadora, más aún si cabe después de que haya quedado patente que somos esa
misma clase trabajadora sin apenas derechos quienes realmente hacemos funcionar
toda la sociedad.
Repartir
el trabajo significa que todas y todos podamos trabajar y que nadie se quede
sin posibilidad de cubrir sus necesidades.
Trabajar menos para trabajar todas y todos no debería ser una opción
sino una necesidad inmediata. El futuro
que nos espera es incierto y posiblemente miserable: millones de personas
paradas van a sufrir la falta de ingresos en sus hogares y no van a poder optar
a un puesto de trabajo en mucho tiempo.
Como sindicato libertario el bienestar de la clase trabajadora es una de
nuestras prioridades. Así lo ha sido a
lo largo de nuestra historia de luchas, y así va a continuar siendo en un mundo
cuyos sistemas favorecen cada vez más la opresión y la falta de
libertades. Ante esta situación,
plantear una posibilidad del reparto del trabajo es esencial y nuestra
organización así lo percibe.
No
miréis estas propuestas como algo ilusorio, irreal, o poco viable. No las veáis con la mirada del capital, del
estado, la mirada con la que nos han educado para mayor beneficio del gobierno
y la patronal. Que sea vuestra mirada
como la de quien contempla el horizonte que se levanta ante sus ojos y que le
aguarda un nuevo y maravilloso destino, un destino mucho más justo y libre que
aquél de donde viene.
Podemos
llegar a ese destino, no os quepa duda.
Y con esta finalidad, con la idea de que decidáis emprender este viaje
al haberos convencido de que no es ilusión sino necesidad y deber, hemos elaborado
un breve estudio que, a grandes rasgos, ofrece datos concretos respecto a la
reducción de la edad de jubilación en España.
EL
NÚMERO DE PERSONAS EN ACTIVO DE MÁS DE 55 AÑOS
En
España, el número de personas mayores de 55 años en activo, con trabajo actual,
asciende a más 3.600.000. Es
una cifra que, según diferentes informes europeos y nacionales, va en
aumento. Pero al mismo tiempo, el
número de personas en situación de desempleo menores de 30 años también sufre
un aumento considerable continuo, siendo este crecimiento de más de 2.000.000
desde 2006 hasta situarse también en alrededor de 3.600.000 en la actualidad.
Estas
cifras se extraen del informe ‘Los trabajadores séniors en las empresas
europeas”, realizado desde el Observatorio de Demografía y Diversidad
Generacional de la Fundación IE con la colaboración de PeopleMatters y Sagardoy
Abogados. Según este informe, en los
últimos diez años (2008-2017) el número de trabajadores mayores de 55 años en los
nueve países europeos analizados por el informe ha crecido en 11,5 millones de
personas, con Italia registrando el mayor incremento relativo, con un 70% más
de trabajadores sénior en dicho periodo. En España, este incremento ha
sido del 42%, hasta alcanzar los 3,6 millones de trabajadores con más de 55
años. Los responsables del estudio
señalan que su peso va a aumentar en la economía española en los próximos 10
años de forma significativa, lo que se traduce en un aumento considerable de
trabajadoras y trabajadores con más de 55 años y en detrimento y perjuicio de
las personas más jóvenes.
Si
hablamos en términos de porcentajes, un informe elaborado por el Observatorio
de las Ocupaciones del Servicio Público de Empleo Estatal revela cómo el
número de trabajadores mayores de 55 años ha crecido un 20% durante los últimos
cinco años. Una evolución que contrasta con la de los jóvenes de 25 a 34 años,
que ha descendido un 14%. Esto hace
que la población activa en España tenga cada vez más edad, a la vez que la
población desempleada es en su mayor parte joven. Por otra parte, dicho crecimiento conduce
hacia unas previsiones de más de 4.5000.000 de población laboral activa mayor
de 55 años para los próximos 5-6 años, con el consiguiente aumento de población
joven desempleada.
Pero
no creamos que en períodos de crisis se va a prescindir de la gente mayor para
favorecer la contratación barata de jóvenes.
Según el SEPE, “el envejecimiento de la población ocupada es un fenómeno
que se ha manifestado tanto durante los años de recesión como en el período de
incipiente recuperación”.
A
pesar de estos datos, los organismos económicos europeos instan a los
diferentes gobiernos a tomar medidas para prolongar la edad de jubilación. En vez de realizar propuestas de jubilaciones
a edades más tempranas, lo que hacen es elevar recomendaciones de lo que ellos
llaman “bienestar laboral” para mayores de 60 años, planes de “tránsito hacia
la jubilación”, pero eso sí, a los 70 o incluso más, de manera progresiva.
No
podemos consentir que haya personas a las que, después de haber estado
trabajando durante más de 40 años, no se las permita jubilarse para vivir la
última etapa de sus vidas de manera digna y libre, mientras que se condena a la
población más joven a verse sumida en el desempleo y vivir a costa de contratos
cada vez más precarios, a comer de la caridad o de los servicios sociales o
mantenerse con los sueldos y pensiones de nuestras personas mayores.
Un
dato curioso es el que nombrábamos antes y es que, si bien hay más de
3.600.000 de personas de más de 55 años trabajando, hay prácticamente la misma
cantidad de personas jóvenes desocupadas inscritas en el sistema público de
empleo (unas 3.680.000). Por este
motivo, una de las exigencias es que cada puesto de trabajo que quede libre a
causa de una jubilación sea cubierto por una persona desempleada. De lo contrario, en muchos casos el avance de
la edad de jubilación no serviría para favorecer el reparto del trabajo, pues
ya conocemos cómo aprovechan muchas empresas las jubilaciones anticipadas para
reducir sus plantillas.
HABLAMOS
DE CIFRAS
Una
parte considerable de la sociedad mide la viabilidad de las diferentes
propuestas de mejora social en términos de números, de economía. No las miden en términos de bienestar, de
desarrollo personal, de ecología o de libertades: en una sociedad educada por
el capitalismo de estado la clase trabajadora piensa primero en la economía del
explotador, segundo en su propia economía y, por último y si cabe, en el
bienestar social, en las libertades y en los derechos. Por eso hemos creído conveniente ofrecer
algunas cifras, mal que nos pese, para que se perciba en esta propuesta la
viabilidad de su implantación y, además, la necesidad de ello. Para que se vea, en definitiva, que esta
propuesta no es una mera declaración ideológica de intenciones sino que es la
opción más inmediata, junto con la consecución de las 25 horas semanales y la
prohibición de las horas extras, para poder obtener una mejora en nuestra
calidad de vida al repartir el trabajo.
Una propuesta emancipadora, al fin y al cabo, en la que la clase
trabajadora tenga posibilidad de su propia manutención.
Lo
primero que podría pensarse es que esta propuesta provocará un aumento del
gasto social que, en principio, será difícil de asumir. Pero ese gasto depende de las cotizaciones,
es fruto del trabajo, y si bien se jubilarán casi 4.000.000 de personas, habrá
otras tantas que se incorporarán al trabajo, con sus respectivas cotizaciones
por una parte, y con la necesaria reducción del gasto social en subsidios y
ayudas a gente parada y necesitada.
Respecto
a cifras concretas, la pensión media del sistema, que comprende las distintas
clases (jubilación, incapacidad permanente, viudedad, orfandad y a favor de
familiares), alcanza los 934,63 euros mensuales según datos de 2019.
Si
nos acogemos a esta media, adelantar la edad de jubilación a los 55 años
supondría un gasto adicional aproximado de alrededor de 45.000 millones de
euros, calculando para ello una media de 14 pagas anuales.
Por
otra parte, si nos fijamos en el gasto anual por prestaciones y ayudas sociales
por desempleo, esta cifra va en aumento cada año y se cree que en todo 2020
alcanzará niveles de 2012, siendo ésta de 31.679 millones de euros. Lo que se estimaba, antes de la aparición de
la pandemia y del decreto del estado de alarma, es que este 2020 el gasto por
desempleo superase con creces los 20.000-25.000 millones de euros, pero los
primeros meses del año han dado a conocer la tendencia descrita de acercamiento
a datos de 2012. Después de esta
situación de alarma y de crisis, esta cifra aumentará mucho más allá de la
resultante en 2012, sin duda alguna.
Asimismo,
se calcula que cada persona laboralmente activa contribuye con una media de
7000 euros anuales en concepto de cotizaciones.
Tomando como referencia únicamente la cifra de 3.600.000 nuevos puestos
de trabajo, estas cotizaciones se traducen en 25.200 millones de euros que no
dejarían de ingresarse puesto que, habiendo dejado de computar las nuevas
jubilaciones, los nuevos puestos de trabajo generados a partir de ellas
seguirían con este ritmo de cotizaciones.
Aparte hay que tener en cuenta que las pensiones por jubilación también
cuentan con retenciones por IRPF. Si le
añadimos, como hemos dicho, los nuevos puestos de trabajo generados por la
disminución de la jornada laboral y la eliminación de las horas extras (con el
consiguiente aumento de cotizaciones), nos encontramos ante un panorama laboral
y social perfectamente asumible por este estado que sólo desea una clase
trabajadora explotada, necesitada y sumisa.
En
resumen, estamos hablando de que si se adelanta la jubilación a los 55 años y
se insta a cubrir esos puestos de trabajo con personas desempleadas, el gasto
social en pensiones aumentará alrededor de 45.000 millones anuales, pero
disminuirá drásticamente un gasto social por desempleo que se estimaba para
este año de entre 25.000 y 32.000 millones, y que después de la situación de
alarma que estamos viviendo va a suponer con toda probabilidad mucho más de
estos 32.000 millones de euros.
En
otras palabras, estaremos hablando, a priori y en el mejor de los escenarios
con un gasto por desempleo de 25.000 euros, de una diferencia de entre 15.000 y
20.000 millones de euros. Repetimos que
eso sería en el mejor de los escenarios, porque si se cumplen las previsiones
dadas antes de esta crisis causada por el Covid-19 los cálculos nos acercaban a
una cifra de gasto por desempleo y subsidios de cerca de 32.000 millones, con
lo que la diferencia se reduce a unos 13.000 millones. Sin embargo, todo augura un aumento desmesurado
en el gasto por desempleos y subsidios después de la crisis que se disparará
irremediablemente más allá de los 32.000 millones de euros al haber sufrido
este pasado mes de marzo el mayor aumento de número de personas desempleadas de
las últimas décadas y marcar un rumbo al alza en el desempleo.
La
diferencia que se calcula a partir de aquí oscilaría alrededor de los
6.000-9.000 millones de euros, incluso menos si las cantidades
destinadas al desempleo alcanzaran los 38.000-40.000 millones. Puede parecer una cifra exagerada, pero si la
comparamos con la aportación que, por ejemplo, hace anualmente el estado a la
Iglesia y que es de más de 11.600 millones de euros, podemos comprobar cómo se
trata de cantidades perfectamente asumibles si se establecen criterios y
prioridades coherentes con los tiempos que vivimos.
Junto
a todo ello habría de tenerse en cuenta las nuevas cotizaciones a partir de los
nuevos puestos de trabajo resultantes de disminuir la jornada laboral, los
ingresos derivados de las retenciones por IRPF de las nuevas jubilaciones, la
reducción de otras partidas de dinero destinadas a afrontar diferentes aspectos
de nuestra problemática social como ayudas contra la pobreza estructural e
infantil, planes para el fomento del empleo (ayudas que con el tiempo serían
cada vez menos necesarias al asegurar la manutención de las familias gracias a
su propio trabajo y esfuerzo), etc.
Además… ¿qué mejor fomento del empleo que dejar que nuestras personas
mayores descansen de sus obligaciones laborales para que nuestras y nuestros
jóvenes tengan al fin la posibilidad de trabajar? ¿Qué mejor medidas contra la
pobreza familiar e infantil que dar a esas familias un puesto de trabajo en
condiciones dignas y con garantía de todos sus derechos? ¿Qué mejores medidas para la conciliación
personal, familiar y laboral que la reducción de la jornada laboral?
Resulta
curioso que estas propuestas aún no se hayan llevado a cabo o que ni siquiera
se hayan planteado. La lástima es que
resulta increíble desde nuestra óptica de justicia social y de reparto del
trabajo y de la riqueza. Decimos
lástima, porque desde la perspectiva del Capital es precisamente lo que esta
gente desea: trabajar en jornadas interminables hasta que te mueras mientras la
gente joven se encuentra sumida el desempleo y en la desesperación, dispuesta
así a aceptar cualquier condición laboral y cualquier pérdida de derechos con
tal de poder tener unos ingresos mínimos con los que vivir.
Por
supuesto y junto a las cuentas anteriores, debería resultar obvio que podríamos
prescindir de, por ejemplo, el más de 1.000.000 de euros destinado única y
exclusivamente al pago de dietas de diputados y senadores, que podríamos exigir
también que la Iglesia pagara sus impuestos correspondientes a todas las propiedades
que posee y al dinero ingresado anualmente (el cual alcanza casi los 1000
millones de euros de diferentes ingresos y actividades, a parte de los 11.600
millones de euros que percibe del estado y que hemos nombrado anteriormente),
que se les podría exigir un aumento en los impuestos a las rentas más elevadas
y las grandes empresas… Pero esto son
otros temas que atajaremos en el momento adecuado.
LOS
CÓMPUTOS
Con
las últimas reformas realizadas por Rodríguez Zapatero en su gobierno
socialdemócrata se cambiaron las exigencias en las cotizaciones para poder
cobrar el 100% de pensión: se aumentaba la edad de jubilación a 67 años y el
cómputo para calcular la pensión pasaba de los últimos 15 años trabajados a los
últimos 25. Se decidió que estos cambios
se realizarían de manera progresiva, por lo que cada año cambiarían las
condiciones de cotización.
Desde
el 1 de enero de 2020, la edad legal de jubilación para aquellos trabajadores
que hayan cotizado menos de 37 años será de 65 años y 10 meses (hasta el 31 de
diciembre de 2019 esta edad es de 65 años y ocho meses para los que hubieran
cotizado menos de 36 años y nueve meses).
Si bien quienes puedan acreditar 37 años de cotización o más durante
todo el próximo año podrán seguir jubilándose sin penalización ninguna a los 65
años. En 2019 esta posibilidad ha sido
para quienes hubieran cotizado 36 años y nueve meses o más.
Siguiendo
esta progresión, el año que viene se ampliará el número de años cotizados para
calcular la pensión de jubilación. Este
cómputo pasará a hacerse sobre los últimos 23 años de la vida laboral, mientras
que en 2019 se tomaban los últimos 22 años.
Pero
si adelantamos la edad de jubilación a los 55 años, estos aspectos deben
modificarse para poder adecuarse a la nueva situación. Por eso mismo exigimos que únicamente sean
necesarios 25 años cotizados para poder cobrar el 100% de pensión. Asimismo, exigimos que la pensión a percibir
se calcule en base a los últimos 15 años trabajados y siempre teniendo en
cuenta la revalorización de las nóminas.
Planteamos
los 15 años porque, actualmente y en las condiciones laborales que vivimos, las
nóminas no necesariamente sufren un aumento lineal sino que, paradójicamente,
muchas nóminas disminuyen mientras vemos que la vida cada vez está más encarecida.
Al
mismo tiempo, y dentro de ese cómputo de 15 años para calcular la media,
pedimos también que los períodos de inactividad laboral o de baja por
enfermedad computen según la base
reguladora existente tal y como se haría si ese tiempo estuviese en activo. En estos tiempos de incertidumbre laboral y
de contratos precarios es posible que a lo largo de los últimos 15 años de la
vida laboral de una persona, gran parte de ese tiempo se haya estado viviendo
una situación de desempleo con poca o ninguna percepción de ingresos, o que la
persona haya sufrido alguna baja prolongada por enfermedad. Si este punto no se resuelve afectaría
negativamente a la baja en el cálculo de la cantidad a percibir, pues esas
mensualidades con escasos o nulos ingresos con los que cotizar disminuirían la
media de todos esos 15 años laborales.
RESUMEN
DE LA PROPUESTA
Después
de haber ofrecido datos y explicaciones al respecto, pasamos a resumir los
puntos principales en los que basamos nuestra propuesta:
·
Jubilación a los 55 años, obligando a las
empresas a cubrir los puestos de trabajo con nuevas incorporaciones.
·
Reducción de los años cotizados necesarios para
cobrar el 100% de pensión a 25, de los más de 36 que se requieren ahora mismo.
·
Cálculo de la pensión en base a los últimos 15
años trabajados.
·
Mantenimiento de la revalorización de las
cotizaciones más antiguas en el cómputo de los últimos 15 años.
·
Cotización según base reguladora de los
períodos de desempleo o de baja laboral por enfermedad u otras causas para
realizar el cómputo de los últimos 15 años.
VIABILIDAD
DE LAS PROPUESTAS
Con
todo lo anterior, queremos insistir en la viabilidad. Pero no en la viabilidad para el
mantenimiento de un sistema opresor y su falso sueño de “estado del bienestar”. Es la viabilidad de la vida digna para la
clase trabajadora aquella por la que apostamos.
Es su dignidad, su sustento, su firmeza y seguridad en que no le va a
faltar puesto de trabajo con el que alimentarse ni con el que alimentar a sus
familias, aquello que defendemos. Es el
posicionamiento de una clase trabajadora con suficiente seguridad en su
situación laboral como para que obligue a la patronal a negociar las
condiciones de su trabajo, porque estando fuera del peligro de la pobreza se verá
con fuerzas para exigir el cumplimiento sin discusión de todos y cada uno de
sus derechos, así como la conquista de nuevas mejoras.
Queríamos
que la clase trabajadora a la que nos dirigimos viera esta propuesta con la
misma claridad y necesidad que nosotras y nosotros, y este es el motivo por el
que hemos realizado este pequeño informe.
Debemos ser convincentes y eliminar en el Pueblo todo atisbo de duda
generada por parte del estado y de la patronal.
Su sistema sí que es viable trabajando menos, es viable con jornadas de
25 horas, es viable sin horas extras y con jubilación a los 55 años.
Esperamos
y creemos que estas propuestas de reparto del trabajo, junto con la autogestión
de las empresas que vayan a cerrar las puertas, contribuirán positivamente al
bienestar de la clase trabajadora y al desarrollo y consecución de su dignidad
y derechos como trabajadoras y trabajadores.
Más que ser viable económicamente, es necesario moral y socialmente.
Esto
son solamente pequeños avances en los derechos de una clase trabajadora que
desarrolla su vida en el marco de su sistema capitalista y burgués, sea
socialdemócrata o sea conservador, pero somos conscientes de que lo único que
es realmente viable para la clase trabajadora es la abolición de la propiedad privada,
del trabajado asalariado y del sistema de clases con sus relaciones de poder y
de autoridad. Mientras tanto, procuremos
unas condiciones de vida que le permitan perder todos los miedos y temores que
actualmente la condicionan a la sumisión y resignación.
Exijamos
el reparto del trabajo para repartir la riqueza: por las 25 horas semanales,
por la jubilación a los 55 años y por la eliminación de las horas
extraordinarias.
¡REPARTAMOS EL TRABAJO, NO LA MISERIA!
CNT-AIT LA SAFOR

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