La
educación estatal, que no pública, siempre ha servido como bandera política de
los diferentes gobiernos, sufriendo constantes reformas y transformaciones de
manera servil hacia las ideologías dominantes en el gobierno de turno.
Actualmente
y con un gobierno abiertamente fascista, la educación estatal que recibirán las
presentes y futuras generaciones se convertirá aún más si cabe en poderoso
instrumento de alienación y manipulación de masas. En estos momentos vemos cómo día a día
desmantelan esta educación estatal, que por el momento es la que está
impartiendo el conocimiento a las clases más humildes (falta de la extensión y
accesibilidad de otras alternativas), cómo despiden a profesores y aumentan las
ratios, cómo disminuyen los recursos destinados al ente público convirtiendo
colegios aceptables en escuelas tercermundistas sin calefacción ni papel
higiénico. Pero además están
transformando una educación accesible a todo el mundo en una educación
puramente elitista donde sólo unas pocas y pocos privilegiados conseguirán
avanzar con éxito.
Podríamos
hacer un análisis profundo de la situación actual de la educación, del plan
Bolonia, o del adoctrinamiento que supone la educación estatal hacia su pueblo,
pero no es éste el propósito de estas líneas.
Nosotras y nosotros abogamos por una educación libre y antiautoritaria,
constructivista, autónoma, creativa y responsable, y rechazamos de pleno los
métodos manipuladores de la educación impartida por los estados. Pero cierto es que hasta el momento esa
educación es la que está impartiendo el conocimiento a más del 80% de la
población, y que las alternativas que surgen en torno a las pedagogías libres
al fin y al cabo son iniciativas privadas y que suponen un coste nada
despreciable para las familias, debemos ser realistas.
En cuanto a
los motivos que han inducido a los gobiernos a modificar las leyes educativas a
todos los niveles, uno de los principales era el exceso de titulaciones, viendo
cómo muchas personas procedentes de familias humildes contaban incluso con
varios títulos universitarios. Entonces
el capitalismo levantó las orejas y gruñó que no podía permitir que los hijos
de los obreros llegasen al mismo nivel de conocimientos que los hijos de los
burgueses y ricos, porque si no… ¿quién sería la mano de obra no cualificada?
Pero no
vamos a analizar aquí las políticas educativas ni qué tipo de educación es
mejor o peor. El cometido de este texto
es reflexionar sobre cómo se están llevando a cabo las actuales huelgas de
estudiantes y analizar su eficacia o ineficacia en su lucha ante el estado que
desmantela la educación hasta sus límites más exagerados. ¿Por
qué después de más de un año de fuertes y continuadas movilizaciones el
gobierno no ha cedido ni un ápice en sus propósitos? Porque no les hacemos ni siquiera
cosquillas. Nos miran y se regodean, se
burlan de las hijas e hijos de la clase trabajadora porque saben que tarde o
temprano trabajarán como criados de los señoritos.
Antes que
nada deberíamos analizar qué es y con qué objetivos se inicia una huelga. Las huelgas han sido siempre uno de los
principales instrumentos de lucha de la clase trabajadora en cualquier parte
del mundo. La decisión de ir a la huelga
implica unos ataques previos del patrón o del Estado hacia la clase
trabajadora, ataques de tal magnitud que han llevado a dicha convocatoria. Su realización implica la unión previa de las
trabajadoras y trabajadores hacia un objetivo común, bien sea el patrón o bien
sea el Estado. La eficacia de las
huelgas radica en la paralización total o parcial de la producción, provocando
pérdidas económicas al patrón o patrones, obligándoles así a negociar ante los
trabajadores para solucionar los problemas y continuar con la producción, a fin
de evitar más pérdidas. Por desgracia
esta paralización de la producción solamente se produce de manera parcial desde
los Pactos de Moncloa, con el anti-obrero invento de los servicios
mínimos: si la producción o servicios
continúan, aunque sea en su mínima expresión, la huelga no tendrá sentido y
supondrá la merma de ánimos y salarios de los trabajadores en lucha.
Además de
la producción hemos nombrado los servicios.
En efecto, en este mal llamado estado del bienestar y en esta sociedad
donde el consumo no se reduce a la adquisición de artículos sino también de
servicios, las huelgas no deben limitarse a paralizar la producción sino que
deben encaminarse hacia la paralización total de toda actividad laboral, sea
cual fuere su ámbito, y por ende hacia la paralización total de la vida
cotidiana del estado. Solamente así
conseguiremos descubrirle los pies de barro al gigante.
Pero… ¿y
las huelgas estudiantiles? ¿en qué espacio, en qué momento se produce la
paralización de la vida diaria del Estado, aparte del corte de dos o tres calles
durante tres horas para permitir una manifestación? Definitivamente en nada dañamos al Estado
fascista. En cambio, en Quebec por
ejemplo la población universitaria consiguió retirar la subida de las tasas
hace un par de años, por no hablar del famoso mayo del 68. ¿Qué diferencia existe entre nuestra lucha
actual y éstas? Es sencillo: la
implicación de la clase obrera en el movimiento estudiantil, es decir, la
conformación de un movimiento obrero-estudiantil potente.
Aquí y
ahora, en la España del 2013, el estudiantado aún carece de este diálogo con la
población obrera. Hacemos una huelga, no
acudimos a las clases ese día, incluso echamos de clase a los esquiroles para
que durante toda la jornada no se imparta ni una hora de materia. Salimos a las calles, gritamos consignas,
hacemos asambleas universitarias… pero nuestra lucha sigue sin surtir efecto, y
es porque al Estado nada le importa si ese día estamos en clase o estamos en
casa. ¿Qué gritamos? Nada, al final del
día se nos habrá pasado, y mientras tanto las ciudades y pueblos continúan con
su jornada habitual: cogen el coche, van al trabajo, salen a pasear, al bar, a
comprar comida u otras cosas, a mediodía a comer y después más de lo mismo,
para a la noche cenar y acostarse, esperando que a la mañana siguiente empiece
otro día similar. Ni se entorpece la
actividad, ni la producción ni el consumo, y ese día el estado y los patrones
manejan la misma cantidad de dinero que cualquier otro día, incluso el
profesorado firma su asistencia y cobra su salario del día, provocando así una
seria brecha entre los intereses de los dos protagonistas del hecho educativo,
los que enseñan y los que aprenden, ambos a merced de los caprichos del Estado,
ambos con el mismo enemigo a batir.
¿Pero cómo
organizar una gran huelga efectiva desde el movimiento estudiantil? En primer lugar, coordinándonos todas y todos
los estudiantes de Iberia para que las jornadas de lucha confluyan. Es extremadamente triste ver cómo ni siquiera
entre nosotras las estudiantes nos ponemos de acuerdo en convocar las huelgas,
y cada comunidad autónoma convoca sus propias huelgas cuando lo
consideran. Pero va más allá, porque ya
ni tan sólo dentro de una misma comunidad universitaria, como aquí en Valencia,
el estudiantado no se pone de acuerdo.
Esto se debe a la intromisión de las cúpulas sindicales que evitan la
acción desde las bases e imponen sus propias jornadas de lucha, que tanto daño
hacen también dentro del movimiento obrero.
Por ello
consideramos necesaria la creación de diferentes núcleos de estudiantes en
todas las universidades y centros educativos, dando impulso a una especie de
federación estudiantil a nivel peninsular que sirva para coordinar todas
nuestras luchas y dotarlas de mayor eficacia.
Hemos de tomar conciencia y responsabilidad de nuestra situación de
clase y además como estudiante y reforzar la toma de decisiones desde nosotras
y nosotros mismos, desde las bases, sin esperar a que las cúpulas nos impongan
sus jornadas pre-fabricadas de lucha, siendo inconcebible que dicha lucha
además aparezca segregada.
Además, no
se trata únicamente de la coordinación en las acciones i movilizaciones
estudiantiles en sus diferentes niveles.
Se trata también de implicar a la clase trabajadora, pues nosotras y
nosotros somos sus hijos, sus nietos, sus iguales, y tarde o temprano también
pasaremos a formar parte de esta masa productora. Si como estudiantes no conseguimos paralizar
la actividad del Estado debemos ser humildes y consecuentes y trabajar por
compartir la lucha social con esta clase trabajadora. Últimamente hemos podido ver cómo hay
sectores estudiantiles que han dado un paso adelante y se han atrevido a cortar
carreteras, como si de una huelga laboral se tratase. Esto significa que algunas y algunos han
empezado a compartir la praxis de la lucha obrera con sus tácticas y
estrategias, sobretodo la acción directa.
Sin embargo aún estamos usando estas tácticas de manera aislada, sin
llegar a aunar fuerzas con el movimiento obrero del que en pocos años pasaremos
a formar parte. Y la clase trabajadora
más cercana que tenemos como estudiantes es el sector de la Enseñanza, con el
que ni siquiera hemos iniciado el diálogo previo a la lucha compartida.
Ya
terminando, si llevando a cabo una huelga estudiantil activa, con sus respectivos
piquetes en las aulas y sus movilizaciones, los resultados dejan mucho que
desear, menos efectiva será aún la lucha con ciertas actitudes como las de
quedarse en casa y tomar la huelga como un día festivo sin clase. Este tipo de actitudes han de ser erradicadas
mediante la formación e información, pues contribuye a la victoria de los
intereses fascistas del Estado. ¿Hubieran conseguido algo las y los estudiantes
de Quebec si la mitad de ellos se lo hubiese tomado a fiesta dejado de lado la
lucha? De ser así gran parte de ese
estudiantado hoy no hubiera podido acceder a sus estudios debido a la subida de
las tasas universitarias; pero finalmente no sólo consiguieron retirar dicha
subida, sino que consiguieron la dimisión del ministro de educación.
Cuando nos
están atacando de esta manera para impedir que las clases humildes puedan
acceder a los estudios es sumamente impensable tomar una huelga como una
jornada festiva. Como hemos dicho antes,
cuando se convoca una huelga es porque algo muy grave ha ocurrido o ha ido
ocurriendo anteriormente y todas las formas de negociación entre las diferentes
partes se han agotado. Entonces entra en
juego la huelga, expresión elevada de nuestro malestar. Entonces, si tanto malestar tenemos durante
el resto de días… ¿por qué el día en que podemos manifestar al mundo ese
malestar muchas y muchos prefieren evadirse y dedicarse a los menesteres
lúdicos? Es curioso, el malestar se
percibe todos los días, se contiene en las palabras, y justamente el día en el
que ese malestar puede liberarse de las palabras para alcanzar los hechos…
plas! desaparece del todo.
¿Hubieran
conseguido algo los mismos estudiantes canadienses sin la participación de la
clase obrera en las diferentes huelgas?
Probablemente no. La lucha del estudiantado
de América Latina también es extremadamente potente y ha logrado construir un
eficaz poder estudiantil combativo.
Ambos movimientos estudiantiles son eficaces justamente por aquello de
que carecemos aquí: coordinación entre
el mismo estudiantado y coordinación con el movimiento obrero. Ambos movimientos surgen del pueblo, y como
pueblo debemos empezar a organizarnos seriamente para poder construir un poder
popular combativo y desde las bases.
¿Cómo
implicar al movimiento obrero que tanto depende de las cúpulas? Trabajando junto a él y formándonos
mutuamente para vislumbrar juntas y juntos el horizonte de la Revolución
Social. Hasta entonces, sabemos que
existe una gran masa de más de seis millones de paradas y parados, que aunque
desempleados no dejan de ser clase trabajadora, de gente cuyos hijas e hijos
están sufriendo también estos desmanes educativos. Nuestras abuelas y abuelos, que tanto sufren
viendo cómo las nuevas generaciones ven
aniquilar su futuro ante sus ojos, también están padeciendo los ataques
capitalistas y fascistas y pronto se quedarán sin pensiones. Somos el pueblo sometido unas y otros, unos y
otras, y debemos ser nosotras mismas quienes nos liberemos de esta esclavitud. Organicémonos y coordinémonos ante nuevas
movilizaciones. Una vez empiece, la ola
revolucionaria se extenderá por toda la península.
No tengamos
miedo, estudiantes, pues nuestras hermanas y hermanos proletarios se unirán a
nosotras y nosotros y lucharán a nuestro lado, como otrora ocurrió, pero hemos
de demostrarles que nosotras también lucharemos a su lado.
Somos el
movimiento estudiantil Somos la clase
obrera. Somos el fuego revolucionario
que reducirá a cenizas al fascismo.
Frente
Revolucionario Estudiantil – Magisterio-UV Ontinyent
fre.magisteri.uv@gmail.com

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