jueves, 14 de marzo de 2013

Sobre las huelgas estudiantiles y su eficacia revolucionaria



La educación estatal, que no pública, siempre ha servido como bandera política de los diferentes gobiernos, sufriendo constantes reformas y transformaciones de manera servil hacia las ideologías dominantes en el gobierno de turno.

Actualmente y con un gobierno abiertamente fascista, la educación estatal que recibirán las presentes y futuras generaciones se convertirá aún más si cabe en poderoso instrumento de alienación y manipulación de masas.  En estos momentos vemos cómo día a día desmantelan esta educación estatal, que por el momento es la que está impartiendo el conocimiento a las clases más humildes (falta de la extensión y accesibilidad de otras alternativas), cómo despiden a profesores y aumentan las ratios, cómo disminuyen los recursos destinados al ente público convirtiendo colegios aceptables en escuelas tercermundistas sin calefacción ni papel higiénico.  Pero además están transformando una educación accesible a todo el mundo en una educación puramente elitista donde sólo unas pocas y pocos privilegiados conseguirán avanzar con éxito.

Podríamos hacer un análisis profundo de la situación actual de la educación, del plan Bolonia, o del adoctrinamiento que supone la educación estatal hacia su pueblo, pero no es éste el propósito de estas líneas.  Nosotras y nosotros abogamos por una educación libre y antiautoritaria, constructivista, autónoma, creativa y responsable, y rechazamos de pleno los métodos manipuladores de la educación impartida por los estados.  Pero cierto es que hasta el momento esa educación es la que está impartiendo el conocimiento a más del 80% de la población, y que las alternativas que surgen en torno a las pedagogías libres al fin y al cabo son iniciativas privadas y que suponen un coste nada despreciable para las familias, debemos ser realistas. 

En cuanto a los motivos que han inducido a los gobiernos a modificar las leyes educativas a todos los niveles, uno de los principales era el exceso de titulaciones, viendo cómo muchas personas procedentes de familias humildes contaban incluso con varios títulos universitarios.  Entonces el capitalismo levantó las orejas y gruñó que no podía permitir que los hijos de los obreros llegasen al mismo nivel de conocimientos que los hijos de los burgueses y ricos, porque si no… ¿quién sería la mano de obra no cualificada?

Pero no vamos a analizar aquí las políticas educativas ni qué tipo de educación es mejor o peor.  El cometido de este texto es reflexionar sobre cómo se están llevando a cabo las actuales huelgas de estudiantes y analizar su eficacia o ineficacia en su lucha ante el estado que desmantela la educación hasta sus límites más exagerados.   ¿Por qué después de más de un año de fuertes y continuadas movilizaciones el gobierno no ha cedido ni un ápice en sus propósitos?  Porque no les hacemos ni siquiera cosquillas.  Nos miran y se regodean, se burlan de las hijas e hijos de la clase trabajadora porque saben que tarde o temprano trabajarán como criados de los señoritos.

Antes que nada deberíamos analizar qué es y con qué objetivos se inicia una huelga.  Las huelgas han sido siempre uno de los principales instrumentos de lucha de la clase trabajadora en cualquier parte del mundo.  La decisión de ir a la huelga implica unos ataques previos del patrón o del Estado hacia la clase trabajadora, ataques de tal magnitud que han llevado a dicha convocatoria.  Su realización implica la unión previa de las trabajadoras y trabajadores hacia un objetivo común, bien sea el patrón o bien sea el Estado.  La eficacia de las huelgas radica en la paralización total o parcial de la producción, provocando pérdidas económicas al patrón o patrones, obligándoles así a negociar ante los trabajadores para solucionar los problemas y continuar con la producción, a fin de evitar más pérdidas.  Por desgracia esta paralización de la producción solamente se produce de manera parcial desde los Pactos de Moncloa, con el anti-obrero invento de los servicios mínimos:  si la producción o servicios continúan, aunque sea en su mínima expresión, la huelga no tendrá sentido y supondrá la merma de ánimos y salarios de los trabajadores en lucha.

Además de la producción hemos nombrado los servicios.  En efecto, en este mal llamado estado del bienestar y en esta sociedad donde el consumo no se reduce a la adquisición de artículos sino también de servicios, las huelgas no deben limitarse a paralizar la producción sino que deben encaminarse hacia la paralización total de toda actividad laboral, sea cual fuere su ámbito, y por ende hacia la paralización total de la vida cotidiana del estado.  Solamente así conseguiremos descubrirle los pies de barro al gigante.

Pero… ¿y las huelgas estudiantiles? ¿en qué espacio, en qué momento se produce la paralización de la vida diaria del Estado, aparte del corte de dos o tres calles durante tres horas para permitir una manifestación?  Definitivamente en nada dañamos al Estado fascista.  En cambio, en Quebec por ejemplo la población universitaria consiguió retirar la subida de las tasas hace un par de años, por no hablar del famoso mayo del 68.  ¿Qué diferencia existe entre nuestra lucha actual y éstas?  Es sencillo: la implicación de la clase obrera en el movimiento estudiantil, es decir, la conformación de un movimiento obrero-estudiantil potente.

Aquí y ahora, en la España del 2013, el estudiantado aún carece de este diálogo con la población obrera.  Hacemos una huelga, no acudimos a las clases ese día, incluso echamos de clase a los esquiroles para que durante toda la jornada no se imparta ni una hora de materia.  Salimos a las calles, gritamos consignas, hacemos asambleas universitarias… pero nuestra lucha sigue sin surtir efecto, y es porque al Estado nada le importa si ese día estamos en clase o estamos en casa.  ¿Qué gritamos? Nada, al final del día se nos habrá pasado, y mientras tanto las ciudades y pueblos continúan con su jornada habitual: cogen el coche, van al trabajo, salen a pasear, al bar, a comprar comida u otras cosas, a mediodía a comer y después más de lo mismo, para a la noche cenar y acostarse, esperando que a la mañana siguiente empiece otro día similar.  Ni se entorpece la actividad, ni la producción ni el consumo, y ese día el estado y los patrones manejan la misma cantidad de dinero que cualquier otro día, incluso el profesorado firma su asistencia y cobra su salario del día, provocando así una seria brecha entre los intereses de los dos protagonistas del hecho educativo, los que enseñan y los que aprenden, ambos a merced de los caprichos del Estado, ambos con el mismo enemigo a batir.

¿Pero cómo organizar una gran huelga efectiva desde el movimiento estudiantil?  En primer lugar, coordinándonos todas y todos los estudiantes de Iberia para que las jornadas de lucha confluyan.  Es extremadamente triste ver cómo ni siquiera entre nosotras las estudiantes nos ponemos de acuerdo en convocar las huelgas, y cada comunidad autónoma convoca sus propias huelgas cuando lo consideran.  Pero va más allá, porque ya ni tan sólo dentro de una misma comunidad universitaria, como aquí en Valencia, el estudiantado no se pone de acuerdo.  Esto se debe a la intromisión de las cúpulas sindicales que evitan la acción desde las bases e imponen sus propias jornadas de lucha, que tanto daño hacen también dentro del movimiento obrero.

Por ello consideramos necesaria la creación de diferentes núcleos de estudiantes en todas las universidades y centros educativos, dando impulso a una especie de federación estudiantil a nivel peninsular que sirva para coordinar todas nuestras luchas y dotarlas de mayor eficacia.  Hemos de tomar conciencia y responsabilidad de nuestra situación de clase y además como estudiante y reforzar la toma de decisiones desde nosotras y nosotros mismos, desde las bases, sin esperar a que las cúpulas nos impongan sus jornadas pre-fabricadas de lucha, siendo inconcebible que dicha lucha además aparezca segregada.

Además, no se trata únicamente de la coordinación en las acciones i movilizaciones estudiantiles en sus diferentes niveles.  Se trata también de implicar a la clase trabajadora, pues nosotras y nosotros somos sus hijos, sus nietos, sus iguales, y tarde o temprano también pasaremos a formar parte de esta masa productora.  Si como estudiantes no conseguimos paralizar la actividad del Estado debemos ser humildes y consecuentes y trabajar por compartir la lucha social con esta clase trabajadora.  Últimamente hemos podido ver cómo hay sectores estudiantiles que han dado un paso adelante y se han atrevido a cortar carreteras, como si de una huelga laboral se tratase.  Esto significa que algunas y algunos han empezado a compartir la praxis de la lucha obrera con sus tácticas y estrategias, sobretodo la acción directa.  Sin embargo aún estamos usando estas tácticas de manera aislada, sin llegar a aunar fuerzas con el movimiento obrero del que en pocos años pasaremos a formar parte.  Y la clase trabajadora más cercana que tenemos como estudiantes es el sector de la Enseñanza, con el que ni siquiera hemos iniciado el diálogo previo a la lucha compartida.

Ya terminando, si llevando a cabo una huelga estudiantil activa, con sus respectivos piquetes en las aulas y sus movilizaciones, los resultados dejan mucho que desear, menos efectiva será aún la lucha con ciertas actitudes como las de quedarse en casa y tomar la huelga como un día festivo sin clase.  Este tipo de actitudes han de ser erradicadas mediante la formación e información, pues contribuye a la victoria de los intereses fascistas del Estado. ¿Hubieran conseguido algo las y los estudiantes de Quebec si la mitad de ellos se lo hubiese tomado a fiesta dejado de lado la lucha?  De ser así gran parte de ese estudiantado hoy no hubiera podido acceder a sus estudios debido a la subida de las tasas universitarias; pero finalmente no sólo consiguieron retirar dicha subida, sino que consiguieron la dimisión del ministro de educación. 

Cuando nos están atacando de esta manera para impedir que las clases humildes puedan acceder a los estudios es sumamente impensable tomar una huelga como una jornada festiva.  Como hemos dicho antes, cuando se convoca una huelga es porque algo muy grave ha ocurrido o ha ido ocurriendo anteriormente y todas las formas de negociación entre las diferentes partes se han agotado.  Entonces entra en juego la huelga, expresión elevada de nuestro malestar.  Entonces, si tanto malestar tenemos durante el resto de días… ¿por qué el día en que podemos manifestar al mundo ese malestar muchas y muchos prefieren evadirse y dedicarse a los menesteres lúdicos?  Es curioso, el malestar se percibe todos los días, se contiene en las palabras, y justamente el día en el que ese malestar puede liberarse de las palabras para alcanzar los hechos… plas! desaparece del todo.

¿Hubieran conseguido algo los mismos estudiantes canadienses sin la participación de la clase obrera en las diferentes huelgas?  Probablemente no.  La lucha del estudiantado de América Latina también es extremadamente potente y ha logrado construir un eficaz poder estudiantil combativo.  Ambos movimientos estudiantiles son eficaces justamente por aquello de que carecemos aquí:  coordinación entre el mismo estudiantado y coordinación con el movimiento obrero.  Ambos movimientos surgen del pueblo, y como pueblo debemos empezar a organizarnos seriamente para poder construir un poder popular combativo y desde las bases.

¿Cómo implicar al movimiento obrero que tanto depende de las cúpulas?  Trabajando junto a él y formándonos mutuamente para vislumbrar juntas y juntos el horizonte de la Revolución Social.  Hasta entonces, sabemos que existe una gran masa de más de seis millones de paradas y parados, que aunque desempleados no dejan de ser clase trabajadora, de gente cuyos hijas e hijos están sufriendo también estos desmanes educativos.  Nuestras abuelas y abuelos, que tanto sufren viendo cómo  las nuevas generaciones ven aniquilar su futuro ante sus ojos, también están padeciendo los ataques capitalistas y fascistas y pronto se quedarán sin pensiones.  Somos el pueblo sometido unas y otros, unos y otras, y debemos ser nosotras mismas quienes nos liberemos de esta esclavitud.  Organicémonos y coordinémonos ante nuevas movilizaciones.  Una vez empiece, la ola revolucionaria se extenderá por toda la península. 

No tengamos miedo, estudiantes, pues nuestras hermanas y hermanos proletarios se unirán a nosotras y nosotros y lucharán a nuestro lado, como otrora ocurrió, pero hemos de demostrarles que nosotras también lucharemos a su lado. 

Somos el movimiento estudiantil  Somos la clase obrera.  Somos el fuego revolucionario que reducirá a cenizas al fascismo.



Frente Revolucionario Estudiantil – Magisterio-UV Ontinyent

fre.magisteri.uv@gmail.com

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