La
mitificación de cualquier elemento supone elevarlo a un altar idealizado, casi
inalcanzable, donde se expondrá para su contemplación y sin posibilidad de
interacción con el público seguidor. Con
la mitificación se consigue que algunos sucesos, acontecimientos, obras o
personas se alejen de nuestra realidad, de nuestras manos, y entonces las
percibimos como algo lejano hasta donde debemos llegar. Se convierte el mito en nuestro referente, nuestro
guía, en la utopía lejana por la que se debe luchar.
De esta
manera, la mitificación puede convertir una realidad cercana en un referente
lejano que debe servir al espectador como inspiración en su cotidianidad y al
cual debe rendir admiración y culto.
¿Qué papel
jugó el mito en la Revolución Social Anarquista de 1936? Ocurrió que el mito fue demolido para
sustituirlo por la realidad. Si bien en
la actualidad la realidad se transforma en mito casi inmediatamente,
contrariamente las compañeras y compañeros de la década de 1930 cogieron un
mito para transformarlo en realidad.
Ellas decidieron que el mundo nuevo que propugnaba el anarquismo era
posible, y no en un futuro cercano sino en su presente inmediato; aquella
Utopía que medio siglo antes motivó la creación de la Internacional y las
extensas obras de Bakunin, Proudhon, Reclús o Kropotkin, aquel bello mito no
era sino la realidad más sincera y cercana que existía para nuestras compañeras
revolucionarias del 36. En fin, la
Utopía no era mito sino realidad, pero existía otra realidad más amarga que
impedía el florecimiento de ese nuevo mundo y se vieron obligadas a
combatirla.
En pocas
palabras, en la Revolución Social Anarquista de 1936 no se luchaba por una
utopía ácrata, sino que se luchaba por una realidad ácrata que era reprimida
por el fascismo y por estado y sus instituciones.
Esta visión
de la Utopía como realidad volvió a cobrar fuerza con la llegada masiva de
nuestras compañeras exiliadas y exiliados del fascismo. Esta gente lo percibía como realidad
sencillamente porque constituyó la suya propia, la que vivió ella misma décadas
antes. Pero a medida que estas
valientes, respetables y memorables personas han ido desapareciendo (física o
mentalmente, muy a nuestro pesar) esa realidad ácrata se ha ido alejando de
nuevo hasta constituirse otra vez como un mito lejano.
Conmemoramos
la Revolución del 36, compartimos reportajes, archivos audiovisuales y
producciones cinematográficas, artículos, prensa antigua digitalizada,
organizamos charlas y debates, editamos libros… Y todo ello no hace más que
engrandecer al mito y empequeñecer a la realidad. Sí, fue bello y maravilloso, quizás la única
ocasión en miles de años de historia de la humanidad en la que el individuo se
organizó libremente sin autoridad ni coacción, velando por el prójimo igual o
más que por una misma. ¿Pero y
ahora? Después de tanto análisis del
anarquismo español de principios de siglo, ¿dónde están los análisis que
reclaman la necesidad actual e imperiosa de una nueva Revolución Social? ¿Dónde están las escuelas libres de los
sindicatos, dónde los ateneos populares en cada local sindical, donde las
asambleas libres de vecinas o de trabajadoras que promuevan el ideal
anarquista, los mítines, los carteles infinitos, las calles llenas y la vida,
viva…? ¿dónde se encuentra la construcción de ese nuevo mundo para destruir
completamente este asqueroso mundo capitalista y fascista?
Mientras la
Revolución Social no deje de ser un mito al que perseguir y se convierta en una
realidad por la que luchar, nuestra situación continuará siendo similar a la de
coger agua con un colador, y por mucho que nos esforcemos nunca conseguiremos
saciar nuestra sed ni satisfacer nuestras ansias, ilusiones y necesidades de
cambio.
Lo mismo ha
ocurrido con el barrio burgalés de Gamonal, y ocurre con cada movilización
libre, espontánea, horizontal y popular.
De un lado, existen los poderes estatales y mediáticos que, al unísono,
criminalizan y reprimen estas movilizaciones.
Por el otro lado, tenemos a los enemigos partidistas que se acercan para
pillar cacho en las próximas elecciones o para controlar la situación al más
puro estilo estalinista o al estilo nazi de la Gestapo, tanto monta y monta
tanto: infiltraciones, montajes, plataformismos y ciudadanismos, nuevos frentes
populares del siglo XXI deformes en cuanto a ideología, etc. Todo ello es harto
conocido ya por nosotras.
Y en
cambio, nuestro papel, ¿cuál ha sido? El
de llevar estas movilizaciones, como por ejemplo la de Gamonal, hasta la
mitificación, igual que un religioso eleva a santo aquél que ha luchado y
sufrido por su dios. El paralelismo es
inevitable. Y Entonces compartimos fotos
con frases contundentes para que intenten servir como ejemplo, como guía… como
mito a seguir, como santo de ferviente devoción. Y lo alejamos de nosotras, pobres mortales.
No hay que
difundir los logros ajenos para que se conviertan en idea, hay que crear los
propios logros, pues en ellos mismos contienen la Idea. La Revolución Social es un medio para llegar
hasta nuestro destino, un nuevo mundo libre con una humanidad libre. Pero ese destino no está lejos, es real y lo
tenemos delante de nosotras mismas, en nuestras calles, en nuestros puestos de
trabajo, en las colas de los comedores sociales, en los hospitales y escuelas… Es nuestro día a día, aquél que podemos
llevar a cabo siguiendo las leyes, normas y costumbres que pretendemos
erradicar, o bien aquél que podemos emprender como realidad revolucionaria
inmediata.
Los mitos son
lejanos, pero el nuevo mundo posible está cerca de nosotras, escondido bajo el
asfalto del mundo que pisamos diariamente, solamente debemos bajar a la calle y
levantarlo.

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