jueves, 6 de febrero de 2014

La mitificación del Anarquismo


La mitificación de cualquier elemento supone elevarlo a un altar idealizado, casi inalcanzable, donde se expondrá para su contemplación y sin posibilidad de interacción con el público seguidor.  Con la mitificación se consigue que algunos sucesos, acontecimientos, obras o personas se alejen de nuestra realidad, de nuestras manos, y entonces las percibimos como algo lejano hasta donde debemos llegar.  Se convierte el mito en nuestro referente, nuestro guía, en la utopía lejana por la que se debe luchar.

De esta manera, la mitificación puede convertir una realidad cercana en un referente lejano que debe servir al espectador como inspiración en su cotidianidad y al cual debe rendir admiración y culto.

¿Qué papel jugó el mito en la Revolución Social Anarquista de 1936?  Ocurrió que el mito fue demolido para sustituirlo por la realidad.  Si bien en la actualidad la realidad se transforma en mito casi inmediatamente, contrariamente las compañeras y compañeros de la década de 1930 cogieron un mito para transformarlo en realidad.  Ellas decidieron que el mundo nuevo que propugnaba el anarquismo era posible, y no en un futuro cercano sino en su presente inmediato; aquella Utopía que medio siglo antes motivó la creación de la Internacional y las extensas obras de Bakunin, Proudhon, Reclús o Kropotkin, aquel bello mito no era sino la realidad más sincera y cercana que existía para nuestras compañeras revolucionarias del 36.  En fin, la Utopía no era mito sino realidad, pero existía otra realidad más amarga que impedía el florecimiento de ese nuevo mundo y se vieron obligadas a combatirla. 

En pocas palabras, en la Revolución Social Anarquista de 1936 no se luchaba por una utopía ácrata, sino que se luchaba por una realidad ácrata que era reprimida por el fascismo y por estado y sus instituciones.

Esta visión de la Utopía como realidad volvió a cobrar fuerza con la llegada masiva de nuestras compañeras exiliadas y exiliados del fascismo.  Esta gente lo percibía como realidad sencillamente porque constituyó la suya propia, la que vivió ella misma décadas antes.  Pero a medida que estas valientes, respetables y memorables personas han ido desapareciendo (física o mentalmente, muy a nuestro pesar) esa realidad ácrata se ha ido alejando de nuevo hasta constituirse otra vez como un mito lejano.

Conmemoramos la Revolución del 36, compartimos reportajes, archivos audiovisuales y producciones cinematográficas, artículos, prensa antigua digitalizada, organizamos charlas y debates, editamos libros… Y todo ello no hace más que engrandecer al mito y empequeñecer a la realidad.  Sí, fue bello y maravilloso, quizás la única ocasión en miles de años de historia de la humanidad en la que el individuo se organizó libremente sin autoridad ni coacción, velando por el prójimo igual o más que por una misma.  ¿Pero y ahora?  Después de tanto análisis del anarquismo español de principios de siglo, ¿dónde están los análisis que reclaman la necesidad actual e imperiosa de una nueva Revolución Social?  ¿Dónde están las escuelas libres de los sindicatos, dónde los ateneos populares en cada local sindical, donde las asambleas libres de vecinas o de trabajadoras que promuevan el ideal anarquista, los mítines, los carteles infinitos, las calles llenas y la vida, viva…? ¿dónde se encuentra la construcción de ese nuevo mundo para destruir completamente este asqueroso mundo capitalista y fascista?

Mientras la Revolución Social no deje de ser un mito al que perseguir y se convierta en una realidad por la que luchar, nuestra situación continuará siendo similar a la de coger agua con un colador, y por mucho que nos esforcemos nunca conseguiremos saciar nuestra sed ni satisfacer nuestras ansias, ilusiones y necesidades de cambio.

Lo mismo ha ocurrido con el barrio burgalés de Gamonal, y ocurre con cada movilización libre, espontánea, horizontal y popular.  De un lado, existen los poderes estatales y mediáticos que, al unísono, criminalizan y reprimen estas movilizaciones.  Por el otro lado, tenemos a los enemigos partidistas que se acercan para pillar cacho en las próximas elecciones o para controlar la situación al más puro estilo estalinista o al estilo nazi de la Gestapo, tanto monta y monta tanto: infiltraciones, montajes, plataformismos y ciudadanismos, nuevos frentes populares del siglo XXI deformes en cuanto a ideología, etc. Todo ello es harto conocido ya por nosotras.

Y en cambio, nuestro papel, ¿cuál ha sido?  El de llevar estas movilizaciones, como por ejemplo la de Gamonal, hasta la mitificación, igual que un religioso eleva a santo aquél que ha luchado y sufrido por su dios.  El paralelismo es inevitable.  Y Entonces compartimos fotos con frases contundentes para que intenten servir como ejemplo, como guía… como mito a seguir, como santo de ferviente devoción.  Y lo alejamos de nosotras, pobres mortales. 

No hay que difundir los logros ajenos para que se conviertan en idea, hay que crear los propios logros, pues en ellos mismos contienen la Idea.  La Revolución Social es un medio para llegar hasta nuestro destino, un nuevo mundo libre con una humanidad libre.  Pero ese destino no está lejos, es real y lo tenemos delante de nosotras mismas, en nuestras calles, en nuestros puestos de trabajo, en las colas de los comedores sociales, en los hospitales y escuelas…  Es nuestro día a día, aquél que podemos llevar a cabo siguiendo las leyes, normas y costumbres que pretendemos erradicar, o bien aquél que podemos emprender como realidad revolucionaria inmediata. 


Los mitos son lejanos, pero el nuevo mundo posible está cerca de nosotras, escondido bajo el asfalto del mundo que pisamos diariamente, solamente debemos bajar a la calle y levantarlo.



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